Reino Unido debate repartir el patrimonio tras 3 años de convivencia
Convivir tres años con alguien en Reino Unido podría dejar de ser una decisión sin consecuencias patrimoniales. La propuesta sobre la mesa abre la puerta a que la parte económicamente más débil de una pareja no casada reclame acceso a los activos acumulados durante esa convivencia. La discusión no es menor: en un país donde cada vez menos gente pasa por el registro civil, el umbral de los tres años se convierte en la frontera entre compartir cama y compartir balance.
Qué cambia a partir de los tres años
El núcleo de la reforma es un cambio de estatus: la convivencia prolongada deja de ser un hecho privado y pasa a generar derechos exigibles sobre el patrimonio. Quien defiende la medida argumenta que protege a la parte vulnerable de la relación, históricamente la que asume más carga familiar y menos ingresos propios. Quien la critica sostiene lo contrario: que ese blindaje, aplicado de facto, empuja a no formalizar ninguna relación. Se protege al vulnerable impidiendo que haya relación, igual que se protegería al inquilino prohibiendo los alquileres.
El problema práctico: dónde queda la convivencia
La pregunta que nadie responde con precisión es cómo se mide el vínculo. ¿Basta con haber respondido a unos mensajes desde una fecha concreta, con haber dado un «me gusta» un día señalado? Falta por definir qué ocurre con el pasivo: si hay acceso a los activos, ¿por qué no a las deudas contraídas en ese mismo periodo? El criterio de reparto genera su propia asimetría. Y hay quien plantea la simetría al revés: por qué una mujer sí y un hombre no, cuando la norma se presenta como protección de la parte débil.
Reparto proporcional: la propuesta alternativa
Frente al reparto a partes iguales, circula un criterio distinto: que la titularidad de cada bien corresponda a quien lo pagó, con independencia del nombre en el registro. Si uno de los dos abonó el 75% de una vivienda, le correspondería ese 75% exacto tras la separación. La lógica es contable, no sentimental. También aparecen soluciones fuera del sistema financiero tradicional, con activos cuya titularidad depende de tener la clave y no del registro público.
Tres años. Ese es el número que separa lo informal de lo patrimonial. La discusión sobre el umbral es, en el fondo, una discusión sobre qué es una pareja cuando el Estado deja de preguntar por el papel y empieza a mirar el saldo.