Doce horas de TVE para un ático: el espectáculo que oculta la agenda
Hay una paradoja difícil de digerir: la televisión pública dedica doce horas seguidas a la compra de un ático, mientras la actualidad real se apiña en los márgenes. El ático de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha arrinconado en los informativos a todo lo demás. Y la pregunta no es solo si el escándalo existe, sino qué deja de contarse mientras tanto.
La cobertura como arma y como bumerán
La saturación informativa sobre el inmueble tiene lectura política inmediata: para unos, es la constatación de una obsesión contra la candidata natural del PP a la Moncloa. Para otros, se trata de una operación legítima que, además, se vuelve contra sus promotores: cada hora extra de antena refuerza la sensación de persecución y regala munición a la interesada. Nadie discute que el asunto inmobiliario da para titulares; la discrepancia está en la dosis.
La hipocresía de los dos lados
Hay quien recuerda que los mismos que hoy denuncian cacería mediática aplaudieron la que se montó alrededor de dirigentes socialistas, incluidos procesos judiciales basados en informaciones de escasa consistencia. Ahora la medicina se administra en el otro sentido y escuece. La polémica reproduce así el clásico duelo de espejos: cada bando acusa al contrario de usar los medios públicos como altavoz de propaganda. Mientras, la televisión pública ve caer su crédito: a unos les parece el telepromter del Gobierno y a otros, la voz de la oposición.
Con Ceuta aún en el recuerdo, y una larga lista de asuntos económicos sin resolver, la pregunta queda flotando: si TVE ha encontrado tiempo para medio día de ático, ¿cuántos problemas reales se quedaron sin plano? ¿Quién decide que una vivienda de lujo sea la noticia del día?