Canarias: el vídeo de Tenerife y el cansancio del «disfruten lo votado»
¿Basta un vídeo de una calle para explicar un resultado electoral? Es lo que se ha intentado a cuenta de Tenerife. Una cuenta difundió una grabación de una vía del archipiélago con un mensaje de tres palabras convertido en eslogan: «Así está Tenerife. Disfruten lo votado». La pieza corrió rápido y arrastró consigo el asunto que llevaba semanas sin encontrar titular: la convivencia en las islas y la llegada de personas migrantes.
El vídeo, por sí solo, no demuestra gran cosa: una calle, gente caminando, luz de día. Funciona como espejo. Cada cual ve en él lo que ya pensaba antes de pulsar play. Quienes lo comparten hablan de «la situación» como de un hecho sin discusión; quienes lo rebaten recuerdan que una grabación sin contexto no prueba nada. En medio queda la consigna —
disfruten lo votado—, repetida ya tantas veces que ha dejado de ser argumento y se ha vuelto muletilla.
Por qué se culpa al votante de lo que pasa en la calle
El mensaje sitúa el voto canario tres meses antes de la difusión del vídeo. Traza así una línea recta entre las urnas y lo que se ve en la acera. La ironía es sencilla: el que votó esto, que lo aguante.
El problema de la consigna es su propia mecánica. Sirve para todo, y por eso sirve para poco. Si sube el alquiler, lo votado. Si cambia el perfil de un barrio, lo votado. La frase no describe, sentencia. Y al sentenciar convierte un fenómeno con causas económicas, rutas migratorias, política europea y competencias estatales en una factura que alguien tenía que pagar.
Hay un detalle que la consigna esconde: entre los vecinos que se quejan hay gente que no votó lo que se le atribuye, y entre quienes defienden la situación hay quien vive a kilómetros del problema. La etiqueta es cómoda. No es precisa.
Dumping laboral, llegada desordenada o tráfico: tres relatos que no se hablan
Debajo del vídeo conviven al menos dos lecturas incompatibles. Una pone el acento en el mercado de trabajo: entrada de mano de obra que presiona a la baja salarios y condiciones en sectores concretos, de la hostelería a la agricultura o los cuidados. La otra habla de fronteras y de seguridad, y sostiene que ninguna administración quiere reconocer el volumen real del fenómeno.
A esas dos se suma una tercera, más incómoda. La que afirma que detrás de la llegada de personas hay redes que se lucran con el traslado y con dinero público. Es la acusación más repetida y la que menos pruebas concretas aporta: se lanza sin nombres, sin expedientes y sin cifras. Se formula, se difunde y se deja ahí, como si la repetición fuera verificación.
Lo único que sostienen en pie los tres relatos es que el asunto es serio. En lo demás no coinciden ni en el diagnóstico ni en la solución.
El argumento demográfico: pensiones, natalidad y quién paga
Entre tanta consigna aparece un razonamiento económico que sí se puede discutir. Sostiene que el sistema de pensiones, tal como está montado, necesita población activa entrante para sostener las cuentas. Sin relevo generacional —con una natalidad baja y una pirámide envejecida— la hucha no cuadra.
La contrarréplica es igual de directa: si el problema es la falta de nacimientos, el dinero destinado a atender la llegada de personas podría haberse dirigido a políticas de natalidad. El choque entre ambas tesis no se resuelve con un vídeo ni con un eslogan.
Y hay un tercer elemento que ambos bandos esquivan. Si el mercado laboral no absorbe a quien llega, la presión no baja los salarios de nadie porque sencillamente no hay empleo que ofrecer. La ecuación no es solo cuántos entran, sino para qué se les necesita y quién se queda con el margen.
Lo que cuentan desde Puerto de la Cruz
Fuera del ruido de las redes, hay vecinos relatando lo que ven en su día a día. Una residente del Puerto de la Cruz describe que sus padres, en pleno centro, escucharon una trifulca de consideración hace unos días, con presencia de policía local y nacional, varios coches alrededor de un hotel y la calle peatonal cortada. En el mismo relato apunta que la tensión no es nueva: llegó a recibir gestos incómodos de hombres recién llegados.
Es un testimonio, no un dato estadístico. Pero explica por qué el asunto prende: hay una parte de la población que percibe que los límites se han difuminado en su propio barrio y que nadie le está contando nada parecido a lo que ve todos los días.
En ese relato aparece también una referencia al acceso a las cámaras de una comunidad de propietarios, con un escrito del Ministerio del Interior que se remontaría a 2018, según la versión de esta vecina. Como cualquier testimonio aislado, conviene tomarlo con la cautela debida.
Lo que falta en la conversación
Faltan datos, casi siempre. Cuántas personas han llegado, cuántas se han regularizado, cuántas han salido, qué ocurre con quienes no obtienen papeles. Sin eso, cada bando rellena el hueco con su relato y el vídeo de turno hace de prueba.
Y mientras tanto se repite la consigna como si tuviera algo nuevo que decir. Tres palabras para explicar un país. Cómodo, rápido y siempre a favor de quien las escribe.
Disfruten lo votado — también quien lo escribe, cada vez que no aporta un número.