Sevilla ve cómo la natalidad se desploma un 25% y las aulas se quedan vacías
En un colegio de Sevilla, las filas de pupitres vacíos ya no sorprenden. La caída de la natalidad del 25% ha dejado sin niños a barrios enteros, y la pregunta que ronda no es si habrá que cerrar aulas, sino en qué momento la ecuación se rompió del todo. El desplome coincide con dos fenómenos que pocos se atreven a mirar juntos: la marcha de población joven y una llegada de migrantes que, en provincias como Sevilla, sostiene parte de los nacimientos.
Mientras la ciudad pierde niños, la provincia aparece en los registros como una de las pocas de España donde el número de nacidos todavía aumenta. La explicación no es un milagro demográfico: la inmigración hispanoamericana —de Nicaragua, Venezuela o Colombia— ha cambiado la composición de las maternidades. Por cada familia nativa que no tiene hijos, hay hogares recién llegados que sí los tienen. Y eso reescribe el mapa escolar.
Un problema económico, no solo cultural
La narrativa del «ya no se quieren tener hijos» se queda corta. La precariedad, la vivienda y los salarios hacen que la decisión de tener un hijo sea, literalmente, una ecuación económica. En la discusión pública ha llegado a plantearse una transferencia de 1.500 euros mensuales por hijo como medida para que la matemática vuelva a salir. Nadie ha calculado el coste total de esa propuesta, pero el solo hecho de que se ponga sobre la mesa indica hasta qué punto se ha asumido que la natalidad ya no es una cuestión de voluntad, sino de dinero.
Quién llena ahora las aulas
La sustitución demográfica se nota en los patios. Los datos apuntan a que los nacimientos en Sevilla se sostienen gracias a la población migrante, mientras que la nativa no alcanza el umbral de reemplazo. Es un fenómeno que unos ven con alivio y otros con recelo, pero los números son tozudos: sin esa aportación, las cifras caerían mucho más. La cuestión de fondo es el reparto: quién paga las escuelas, quién sostiene las pensiones y quién se queda con el mérito de llenar las aulas.
La ironía final es que Sevilla, la ciudad de la Semana Santa y las familias numerosas de toda la vida, se asoma a un invierno demográfico con un salvavidas que no estaba en los planes: la migración. Mientras tanto, los colegios cierran plantas enteras y las aulas vacías se convierten en el mejor resumen económico de la época.