Rusia quiere volver al teléfono fijo, pero ya funciona por internet
El presidente de Rostelecom, Mikhail Oseevsky, propuso el 2 de abril reinstaurar las líneas telefónicas fijas en los hogares rusos como medida de precaución ante posibles fallos de la telefonía móvil. Lo que Oseevsky parecía haber olvidado es que, en la práctica totalidad de los países, las líneas fijas ya no son analógicas: funcionan a través de Internet. La propuesta, que no fue broma de Inocentes (se hizo el 2 de abril), revela una contradicción de fondo en la estrategia digital rusa.
La paradoja técnica: el fijo también va por Internet
En España ya se apagó la red telefónica tradicional (RTC) y las líneas fijas actuales son VoIP, es decir, dependen de la conexión a Internet. Lo mismo ocurre en la mayoría de países donde se ha desplegado fibra óptica. Por tanto, la propuesta de Oseevsky de volver al teléfono fijo como alternativa a la móvil choca con la realidad: si falla Internet, también falla el fijo. Algunos técnicos en el debate señalaron que incluso los routers 4G con toma de teléfono son cada vez más raros, y que la tendencia es eliminar el puerto RJ11. La ironía es máxima: pretender refugiarse en una tecnología que ya depende de la red que se quiere controlar.
Desconexión o control selectivo: el dilema ruso
Mientras tanto, el gobierno ruso intensifica la censura y el bloqueo de servicios extranjeros. Telegram y WhatsApp sufren throttling selectivo, y se han publicado rumores de revisión de móviles en busca de VPN. Sin embargo, varios analistas señalan que una desconexión total de Internet, al estilo norcoreano, es inviable para Rusia. Su economía y su propia administración dependen de servicios globales (CDN, nubes, aplicaciones occidentales) y de Telegram, usado por ministerios y gobernadores. Los experimentos de desconexión parcial ya han causado fallos en apps bancarias y webs rusas. El país no tiene una intranet propia como Kwangmyong; su ecosistema digital está demasiado integrado con el global.
Además, las VPN no son ilegales en Rusia y se usan ampliamente, incluso por empresas. El gobierno opta por el ahogo selectivo: ralentizar el tráfico a ciertas plataformas sin cortar del todo, para evitar el colapso económico. Pero la presión aumenta: se habla de listas blancas de webs permitidas, y el lanzamiento de la super-app MAX (una alternativa rusa a WeChat) en 2025 apunta a crear un entorno controlado.
La pregunta que queda en el aire es si el Kremlin está dispuesto a sacrificar la funcionalidad económica por el control político. De momento, la propuesta del teléfono fijo suena más a boutade que a solución, pero revela hasta qué punto la paranoia por la desconexión está calando en las altas esferas.
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