400.000 euros para liderazgo femenino: así se gasta el dinero público
Un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) destinado a «fortalecer la ciudadanía y la participación política de muyer latinoamericanas» ha costado 400.000 euros. La cifra, difundida en redes, ha reabierto la pregunta que muchos contribuyentes se hacen: ¿en qué se invierten realmente los impuestos? Mientras la sanidad pública acumula recortes y las infraestructuras se deterioran, el gasto en cooperación internacional y subvenciones culturales no deja de crecer.
El gasto en cooperación: millones que se van fuera
Según los datos que circulan, el Gobierno habría destinado más de 4.000 millones de euros en cooperación al desarrollo en 2025. Solo al Fondo de Adaptación al Cambio Climático se habrían aportado 155 millones, con proyectos que van desde reducir el riesgo de inundación en Pakistán hasta financiar técnicas de riego en Mauritania o microcréditos en Yibuti. Además, se anunció una partida de 1.350 millones para combatir el cambio climático en países en desarrollo. Las aportaciones a la ONU también son constantes: un millón una semana, 8,4 millones la siguiente.
Subvenciones al cine: los «caprichitos» de los coleguitas
No solo es cooperación. También se han señalado las ayudas públicas a proyectos cinematográficos. Un ejemplo: una película que apenas recaudó en taquilla –según los datos de Filmoteca– recibió financiación pública. La crítica es que estos fondos se destinan a «coleguitas que juegan a ser cineastas», en lugar de apoyar a la industria cultural de forma eficiente. La pregunta es si estas subvenciones generan retorno o simplemente alimentan un círculo de amigos.
El contraste: lo que no se invierte en casa
Mientras tanto, la lista de lo que se descuida es larga: infraestructuras ferroviarias, red de carreteras, pantanos, limpieza de ríos y barrancos, sanidad pública –cada vez con más pacientes y menos recursos– y una educación que, según los informes internacionales, va en retroceso. La sensación es que el dinero se destina a proyectos de prestigio internacional mientras las necesidades básicas dentro del país quedan en segundo plano.
Hay quien sostiene que esta es una inversión en influencia y diplomacia blanda, pero el coste de oportunidad es evidente: cada euro gastado en cooperación es un euro que no se invierte en la sanidad o en las carreteras que los ciudadanos usan a diario.
El dato que descoloca
Y mientras se reparten millones fuera, hay historias como la de un empresario de asfaltado que, tras la crisis de 2008, nunca cobró del Estado español. Su empresa, como muchas otras, esperó años un pago que nunca llegó. El Estado, que no duda en gastar 400.000 euros en un proyecto de liderazgo femenino en América Latina, sí fue capaz de dejar de pagar a sus contratistas nacionales. Esa es la paradoja que resume el debate: el dinero público parece tener siempre una prioridad distinta a la que los contribuyentes esperan.