El mapa de la belleza española que nadie firma
¿En qué provincia están las mujeres españolas más feas? La pregunta, formulada sin anestesia en un foro de actualidad, arranca con un detonante concreto: una política leonesa que va a ser portavoz del PP y los comentarios sobre el aspecto de las leonesas, más un comentario viral sobre Torrelavega. A partir de ahí, un hilo con decenas de respuestas y un patrón que sorprende: en un país donde cada cual defiende su terruño a cuchillo, aquí muchos participantes coinciden en señalar el mismo territorio.
El consenso no es unánime, pero es llamativo.
El País Vasco y Navarra aparecen una y otra vez en las respuestas, con formulaciones que van de la broma al exabrupto. «En territorio vasco hay cada orco que tira patrás», resume uno. Otro sentencia que «la comunidad vasca y su consanguinidad han hecho, salvando excepciones, la comunidad de España con la gente más fea del mundo». Y un tercero lo lleva al terreno astronómico: no la más fea de España, sino «del Sistema Solar».
Por qué el consenso apunta al norte
El argumento que se repite es la endogamia. La idea de que siglos de matrimonios cerrados entre poblaciones pequeñas habrían concentrado rasgos poco agraciados funciona como explicación recurrente, con más retranca que genética. «La endogamia no perdona», resume una respuesta. Otro participante lo ilustra con un ejemplo de manual: una mujer vista en San Sebastián, esperando en un semáforo para bicicletas, con «la barbilla y la nariz a la misma distancia».
Frente a eso, hay quien matiza el factor ideológico. Se sostiene que el prototipo que se asocia a la fealdad vasca no es tanto racial como estético y político: el corte de pelo a hachazos, la ropa sin arreglo, la estética asociada a determinada militancia. «Las que se ven femeninas te aseguro que suelen ser guapas», apunta un mensaje, que recomienda pasear por el centro de San Sebastián en lugar de por los barrios populares antes de dar el veredicto por cerrado.
Los que rompen el molde: Castilla, Extremadura, La Rioja
El consenso vasco no impide que cada cual coloque su propia provincia en el disparadero.
Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid y Extremadura reciben su ración de críticas, con un matiz curioso: quien las lanza admite que se está pegando un tiro en el pie por ascendencia familiar. La Rioja aparece descrita como una mezcla de «la fealdad física de los vascos y el paletismo pueblerino de los castellanos». Ciudad Real, Murcia, Toledo y Torrelavega suman menciones.
En el otro platillo de la balanza, el mapa de la belleza dibuja un sur y un archipiélago.
Sevilla, Málaga y Córdoba se llevan los elogios, con una explicación histórica que se repite: los siglos de selección de los harenes califales habrían dejado su huella genética en Andalucía occidental. Canarias y Castilla y León también reciben votos positivos, en una contradicción que el propio debate no resuelve.
El factor que lo cambia todo: dinero y arreglo
Hay un giro en la conversación que merece atención. Varios mensajes sostienen que la fealdad es cada vez menos un asunto de genética y más de presupuesto. «Con pasta se pueden hacer bastantes cosas de chapa y pintura», resume una intervención, que menciona el caso de Christina Onassis: la mujer más rica del mundo, con todos los medios a su alcance, y aun así acomplejada por su aspecto. Hoy, añade, con tratamientos, cirugía y gimnasio, el resultado sería otro.
A eso se suma la tesis estética: la ropa ancha, el pelo sin cuidar y la ausencia de maquillaje como declaración de principios. Se compara a la mujer del norte de Europa, potencialmente atractiva pero vestida con harapos, con la choni del sur, más arreglada y por eso más atractiva a ojos del observador. La conclusión implícita es incómoda: la belleza percibida depende menos del mapa que del espejo y la cartera.
El mapa que nadie quiere firmar
La pregunta inicial pedía provincias, no comunidades, y ahí el debate se enreda. Se recuerda que no es lo mismo el Bierzo que Soria, ni Almería que Huelva, ni la Navarra de Tudela que la de los Pirineos. La precisión geográfica se pierde en cuanto alguien intenta acotar.
Al final, la conclusión más repetida es la más obvia y la menos útil: feas y guapas hay en todas partes, y los extremos genéticos no definen a una población. Lo que sí queda claro es que, en un tema donde cada español defendería su pueblo con uñas y dientes, aquí muchos participantes señalan al mismo. Y eso, tratándose de España, ya es un dato.