El pacto climático de Sánchez: refugios, científicos y un monte sin limpiar
El Gobierno de España ha puesto sobre la mesa el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. La iniciativa promete responder a los impactos cada vez más extremos del cambio climático con una Red Estatal de Refugios Climáticos, suministro de agua mediante tecnología, planes de empleo en el medio rural y una toma de decisiones basada en un Panel Nacional de Científicos. Hasta ahí, el titular.
El problema es que el documento oficial, el que cuelga del Ministerio para la Transición Ecológica, dedica buena parte de su articulado a la comunicación y a la creación de órganos. El punto 12.1, por ejemplo, habla de campañas de “alfabetización en materia climática” y de difundir protocolos oficiales. De motosierras, desbrozadoras y cuadrillas forestales, ni rastro.
¿Cuántos montes se van a limpiar? Ni una cifra
La pregunta que recorre el análisis político y económico es directa: ¿cuántos montes se van a limpiar? No hay respuesta en el texto. No hay hectáreas, no hay partida presupuestaria y no hay una ley urgente que obligue a despejar cauces y masas forestales. Los críticos subrayan que el pacto se presenta rodeado de incendios, pero sin una sola medida operativa de prevención.
Hay una explicación estructural que pesa más que la voluntad política. El monte lo limpiaban quienes vivían en él y de él. Con la agricultura y la ganadería de subsistencia desaparecidas, la maleza crece sin competencia. Incentivar brigadas con exenciones fiscales y pago por la leña recogida se ha llegado a plantear como alternativa, pero ni siquiera eso ha entrado en el borrador oficial.
El PP desconfía y el pacto se queda en propaganda
La negociación política tampoco ayuda. El PP se abrió al pacto con evidente recelo, mientras el presidente del Gobierno cargaba contra el negacionismo y la inacción ajena. Para una corriente de análisis, todo se reduce a un chiringuito más: observatorios, paneles de expertos y asesores donde colocar a los afines mientras los impuestos suben. Otros van más allá y ya hablan de impuestos verdes sobre carnes, combustibles y vuelos, con un hipotético bono climático ligado al euro digital como siguiente escalón. Son lecturas, no textos oficiales, pero condicionan cualquier acuerdo.
La paradoja final es que el mismo Ejecutivo que pide un pacto de emergencia climática mantiene en pie la central nuclear de Almaraz y no mueve una sola ley para limpiar los montes. España, se dice con razón, lleva 40 años preparando este incendio. Y el monte sigue esperando.