Noruega solo vendió 12 coches de gasolina en febrero: ¿éxito ecológico o imposición fiscal?
En febrero, Noruega registró la venta de únicamente 12 coches de gasolina. El dato es tan extremo que parece una broma, pero es real. Para ponerlo en contexto: mientras en España los vehículos de combustión siguen siendo mayoritarios, en el país nórdico prácticamente han desaparecido de los concesionarios. La pregunta es si esto es fruto de una conciencia ecológica genuina o de una política fiscal que ahoga cualquier alternativa.
El palo y la zanahoria fiscal
Noruega no ha prohibido los coches de gasolina, pero los ha hecho inviables económicamente. Impuestos descomunales a la compra y al uso de vehículos de combustión los encarecen hasta el punto de que solo un puñado de nostálgicos o acaudalados se plantean adquirirlos. Al mismo tiempo, los eléctricos gozan de exenciones de IVA, peajes gratuitos, acceso a carriles bus y aparcamiento gratis. Es una combinación letal para el motor térmico.
La ironía no se le escapa a nadie: Noruega es uno de los mayores exportadores de petróleo y gas del mundo. El mismo país que financia su Estado del bienestar con hidrocarburos es el que más apuesta por el coche eléctrico. Para los críticos, es puro postureo verde: una operación de lavado de imagen que no es replicable en otros países sin su renta petrolera.
El frío no es excusa
Uno de los argumentos recurrentes contra el eléctrico es su pobre rendimiento en climas fríos. Sin embargo, Noruega, Suecia y Finlandia tienen la red de cargadores rápidos más densa del mundo. Los conductores nórdicos utilizan bombas de calor y preacondicionamiento para mitigar la pérdida de autonomía. Un coche moderno con 500 km WLTP suele recorrer entre 300 y 350 km reales en pleno invierno, según los defensores del eléctrico. Para los escépticos, esto sigue siendo insuficiente: 300 km reales que en pocos años se convierten en 200, y que obligan a paradas frecuentes en un país alargado como Noruega.
La mayoría de los noruegos usa el coche para trayectos cortos: casa, trabajo, supermercado. Viven en casas unifamiliares con garaje, lo que facilita la carga doméstica. No es de extrañar que el eléctrico encaje en ese perfil. Pero trasladar el modelo a España, donde predominan los pisos sin garaje y los desplazamientos largos, es otra historia.
El futuro: ¿sin subvenciones?
A partir de 2027, Noruega tiene previsto eliminar todas las ventajas fiscales de los coches eléctricos. El mercado, entonces, deberá demostrar si los eléctricos se sostienen por sí solos o si las ventas se desploman. Los más críticos ya auguran que, sin el incentivo económico, el porcentaje de eléctricos caerá en picado y los conductores volverán a opciones más prácticas. Otros confían en que la infraestructura y la madurez tecnológica harán que la transición sea irreversible.
El dato de los 12 coches de gasolina es un hito que marca hasta dónde puede llegar la intervención estatal en el mercado del automóvil. Pero también plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de ese éxito es real y cuánto ficticio? La respuesta, como casi siempre, está en los números y en la letra pequeña de los impuestos.
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