Dinamarca: el 93,8% de los coches nuevos para particulares ya son eléctricos. ¿Milagro o intervención?
En febrero, el 93,8% de los coches vendidos a particulares en Dinamarca fueron eléctricos. No es un milagro ecológico: es una política fiscal que convierte cualquier coche de combustión en un artículo de lujo. Mientras en España los eléctricos siguen siendo un nicho caro y con escasa infraestructura, Dinamarca ha logrado casi la saturación del mercado de particulares en un solo mes.
El hacha fiscal danesa
La clave está en los impuestos. En Dinamarca, un coche de gasoil de 30.000€ puede acabar costando cerca de 60.000€ tras gravámenes, mientras que un eléctrico del mismo precio se queda en unos 32.000€. La diferencia no es un incentivo menor: es un mazazo selectivo que ha orientado la demanda de forma drástica. Quien se empeña en comprar un coche de combustión paga una prima descomunal, lo que explica en gran medida el 93,8%.
Condiciones geográficas y energéticas favorables
Dinamarca no solo castiga fiscalmente los combustibles fósiles, sino que su tejido urbano y su mix eléctrico facilitan la transición. La electricidad es fundamentalmente eólica, y los desplazamientos son cortos: el típico trayecto laboral en Copenhague ronda los 6 km. En invierno, un motor de combustión ni siquiera alcanza temperatura de servicio en esos recorridos, lo que acelera su desgaste. En cambio, un eléctrico funciona de forma óptima en esos usos. Además, la recarga nocturna en horas valle ayuda a nivelar la demanda y evita la importación de hidrocarburos.
¿Es replicable?
El escepticismo no falta. Algunos señalan que Dinamarca tiene la superficie de Extremadura y carece de industria pesada, lo que hace fácil sostener un parque eléctrico con eólica. Otros recuerdan que el litio no es un recurso infinito, aunque las reservas identificadas superan los 100 millones de toneladas (suficientes para electrificar la flota mundial con 8-10 kg por coche). La cuestión de fondo es si España, con menor densidad eólica media, más kilómetros por habitante y una estructura de viviendas sin garaje, puede aplicar recetas similares sin un cambio fiscal radical.
Lo cierto es que Dinamarca no ha elegido el camino del mercado libre: ha forzado la electrificación a base de impuestos. Que eso sea deseable o no depende de la prioridad que se otorgue a la independencia energética frente a la libertad de elección del consumidor. El dato del 93,8% es una foto fija, pero la pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo puede mantenerse ese ritmo sin que el resto del ecosistema (reciclaje, red, costes de reemplazo de baterías) empiece a chirriar.
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