El avance de Orriols presiona a Junts y ERC
La política catalana vive una paradoja que tiene en vilo a las cúpulas de Junts y ERC. Según un sondeo difundido en redes, el apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez hunde a Junts en el Parlament mientras Aliança Catalana de Sílvia Orriols sube en las encuestas. El cálculo que circula en Waterloo, según El Confidencial, es que a Junts ya le conviene que Moncloa adelante las generales antes de que el desgaste sea irreversible. El problema es que el calendario no lo controla Puigdemont.
Qué dicen las encuestas sobre Aliança Catalana
El punto de partida es un sondeo que sitúa a Aliança Catalana como el único partido que sube junto a Vox. El apoyo al Gobierno de Sánchez hunde a Junts en el Parlament y, según ese mismo dato, solo crecerían los de Orriols. La traducción electoral que se desprende del análisis es que cada escaño que gana Aliança Catalana en Lleida y Girona sale del saco de Junts. La autovía C-25, el eje transversal que va de Cervera a Caldes de Malavella, es descrito como el corredor por donde circula a gran velocidad el voto que Puigdemont daba por cautivo.
Hay quien sostiene que el electorado de Aliança Catalana y el de Vox no se pisan. La mayoría de quienes votan a uno jamás votarían al otro por la cuestión nacional. Vox pesca entre quienes antes votaban PP, CiU, Cs y, en menor medida, PSC. El problema de Aliança Catalana lo tiene Junts y, en menor medida, ERC.
El cálculo de Puigdemont y la amenaza de dejar caer a Sánchez
En Waterloo están convencidos, según El Confidencial, de que es mejor para Junts que Moncloa adelante las generales. La razón que se apunta no es ideológica: es de supervivencia. Si Aliança Catalana pega un arreón más, se convertiría en la primera fuerza del independentismo y una parte de la actual representación de Junts se quedaría sin escaño, según un cálculo que circula en el foro. Junts ha amenazado con dejar caer a Sánchez y avisa a sus bases de que «se preparen para un nuevo ciclo». El problema es que la amenaza tiene fecha de caducidad: cuanto más tarde la convocatoria, peor será el resultado, según ese mismo cálculo.
El miedo de Junts a Aliança Catalana tiene una derivada parlamentaria concreta. La pretensión de forzar la votación de la ley para delegar competencias en materia de migración ha quedado atrapada en un fuego cruzado. Un sector del análisis apunta a que la maniobra busca que Podemos acuse a Junts de xenófobo. Podemos mantiene su rechazo al traspaso de competencias de inmigración a Cataluña. El resultado, según ese análisis, es que Junts queda retratado por su flanco derecho sin ganar nada por el izquierdo.
La coherencia de Orriols y el voto que no se presenta a las generales
Aliança Catalana no se presenta a las generales. Es el argumento que esgrimen quienes defienden su coherencia: si el partido es independentista y no cree en el marco español, presentarse al Congreso sería una contradicción. La contrapartida es que ese mismo argumento limita su techo electoral y protege a Junts en la Cámara baja. Por ahora.
La carrera entre Puigdemont y Orriols tiene un componente generacional y otro de discurso. El proyecto de Junts es Puigdemont, su programa es Puigdemont y sus decisiones son lo que diga Puigdemont, según un participante del debate. Cuando el votante deja de mirar al expresident y empieza a mirar la calle, el discurso de Aliança Catalana sobre los problemas inmediatos eclipsa el resto. Esa parte del mensaje cala en la Cataluña rural mientras Junts sigue vendiendo la agenda de Waterloo.
El trasvase de voto que las encuestas no terminan de capturar
Hay una corriente que sostiene que los sondeos esconden parte del voto que Aliança Catalana va a robar a ERC. El argumento es que reconocer ese trasvase sería decir demasiado pronto que Aliança Catalana puede ser segunda fuerza por detrás del PSC. Si eso ocurriera, el mapa independentista quedaría reordenado: Junts y ERC pasarían de socios necesarios a comparsas.
La discusión sobre el futuro de Aliança Catalana tiene un precedente que se repite en la política catalana. Los partidos pequeños prometen cosas que luego no cumplen cuando crecen y se asientan. ERC y CiU juraron no pactar con los del 155 y han hecho lo contrario. El partido de Puigdemont juró marcharse de Madrid. Los partidos pequeños dicen muchas cosas. Cuando crecen, dicen otras. La pregunta es si Aliança Catalana será la excepción o la regla.
El punto exacto donde el análisis se atasca es el mismo donde empezó: nadie sabe si el adelanto electoral salvaría a Junts o simplemente aceleraría su sustitución. Puigdemont tiene la calculadora, Orriols tiene la carretera y Sánchez tiene la llave. Con esos tres elementos, el tablero catalán sigue sin dueño claro.