Música clásica en tiendas: la táctica que divide a Estados Unidos
La música clásica no solo calma a las fieras; en algunos establecimientos estadounidenses se usa como herramienta de exclusión. Y según sus defensores, funciona. La idea, que ha circulado en debates online, sostiene que ciertas cadenas han adoptado bandas sonoras de Mozart y Beethoven para desalentar la presencia de determinados perfiles de clientes. Pero ¿es una estrategia de diseño ambiental o una forma de separación injusta?
El origen: CPTED, la criminología del entorno
La práctica se inscribe en el marco del CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design), una corriente criminológica que lleva décadas aplicándose en espacios públicos. El ejemplo más citado es el metro de Londres, que desde 2003 emite piezas de Mozart en estaciones conflictivas, logrando una reducción del 33% en incidentes. Portland hizo lo mismo en su tranvía con resultados similares. Los defensores argumentan que la música clásica crea un ambiente que desincentiva conductas antisociales, independientemente del origen racial.
El debate: ¿clase o raza?
Sin embargo, en el terreno comercial la interpretación se vuelve más espinosa. Quienes apoyan la medida sostienen que funciona con cualquier grupo que busque jaleo –adolescentes blancos incluidos– y que el verdadero filtro es socioeconómico: la música clásica resulta ajena a quienes no han crecido en entornos culturales acomodados. Un testimonio recogido narra cómo un empleado de origen humilde salió corriendo al escuchar "O Fortuna" de Orff, alegando que le sonaba "a música del infierno". La anécdota ilustra un fenómeno de extrañamiento cultural más que racial.
Las críticas: ¿ingeniería social o discriminación encubierta?
Los detractores ven en la práctica una forma de perfilamiento racial con cobertura artística. Señalan que, en la práctica, el perfil que se busca alejar coincide con minorías étnicas en barrios gentrificados. Además, recuerdan que la música clásica también fue creada por compositores zain –Mozart no, pero sí figuras como Saint-Georges–, lo que convierte la excusa en un argumento falaz. Para los críticos, el problema no es la música, sino la intención de excluir.
Datos y evidencia
La evidencia empírica se reduce casi exclusivamente al caso londinense. No hay estudios controlados que aíslen el efecto de la música clásica frente a otros factores (iluminación, limpieza, presencia de seguridad). El CPTED es una disciplina amplia que incluye desde el diseño de espacios hasta la gestión de multitudes, y la música es solo una pieza menor. Quienes conocen el método advierten: no se trata de un arma mágica, sino de un conjunto de medidas que deben aplicarse de forma coherente.
Cierre: efectividad probada, intención cuestionada
La música clásica disuade, eso parece claro. Pero el debate de fondo –si es una herramienta legítima de seguridad o una excusa para la exclusión– no se resolverá con datos parciales. Lo que para unos es diseño ambiental, para otros es separación injusta con partitura. Y mientras no haya estudios independientes que despejen la intención, la controversia seguirá sonando.