Un hueco en el CV basta para descartar candidatos en España
Un empresario con cuatro décadas de actividad a la espalda lo cuenta sin rodeos. Cuando ve un hueco en un currículum, pregunta qué hizo el candidato durante ese periodo. Si la respuesta es que se tomó unos meses para descansar o para gastar el paro cotizado, da por terminada la entrevista. No es una anécdota de barra de bar: en España, el tiempo transcurrido entre dos empleos actúa como una mancha que hay que explicar, justificar y, a ser posible, disimular.
La discusión sobre este asunto arrastra años. La tesis que la abre es simple: en otros países se entiende que alguien se tome un tiempo para viajar, descansar o estudiar después de dejar un trabajo; aquí, esos meses restan puntos en el mejor de los casos y descartan directamente al candidato en el peor. La formulación más repetida: la empresa no busca un profesional, busca a alguien que no pare de dar vueltas a la rueda.
Qué se pregunta cuando hay un hueco entre dos trabajos
El argumento de quienes filtran currículums es que un hueco largo y mal explicado es la señal más barata de detectar a alguien que abandona los puestos a la mínima o que organiza su vida en función de la prestación por desempleo. Se admite sin drama un mes, dos o tres. Lo que activa las alarmas son los periodos de años.
Del otro lado llega la interpretación contraria: el hueco no revela nada sobre la valía de la persona, revela la precariedad del mercado. Y hay un dato que refuerza esa lectura. Si alguien puede permitirse unos meses sin sueldo es porque tiene ahorros, y eso convierte al candidato en alguien incómodo, con menos incentivos para aguantar condiciones malas.
La postura más citada la defiende quien lleva treinta años al frente de una empresa con más de cuarenta de actividad: pregunta por el hueco y, si la respuesta es descanso, corta. La réplica llega en forma de pregunta incómoda: ¿cuál es su rotación de personal? Porque un seleccionador con un
80% de rotación anual no está en posición de dar lecciones de compromiso, se argumenta.
¿Por qué preguntan por la hipoteca en una entrevista de trabajo?
Porque buscan a alguien con menos margen para decir no. En una entrevista se ha llegado a preguntar por el nivel de endeudamiento, la hipoteca, el coche y si hay hijos. La lectura inmediata: el candidato ideal no es el más competente, es el que no puede permitirse rechazar una oferta. Quien respondió que no tenía deudas vio cómo la conversación se cerraba en seco.
Ese filtro no es rasgo de un jefe concreto, sostienen algunos, sino del sistema que asfixia a las dos partes. Empresa y trabajador compiten por un margen que se estrecha, y el primero que pierde es el que tarda seis meses en volver a cotizar.
Coge aire mientras puedas, viene a decir el mercado. Luego ya se verá.
La selección que no penaliza haber estado en el paro
No todo el sector comparte el filtro. Hay quien selecciona personal para grupos empresariales y afirma sin matices que lo que menos importa es el tiempo en desempleo. Pesa la experiencia en el sector y la actitud. Añade un dato contraintuitivo: quienes llevan años parados suelen ser los que más ganas ponen, porque muy pocos están en esa situación por gusto. El mes de prueba, recuerda, basta para separar a quien sirve de quien no.
El aviso es claro. Descartar por prejuicio deja fuera a trabajadores válidos, y ese coste de oportunidad no lo calcula nadie.
El año sabático como formación: del Grand Tour a Alemania
Fuera de España la pausa tiene otra consideración. En Reino Unido y Alemania existe tradición de que los jóvenes recorran el mundo antes de incorporarse al mercado laboral, heredera del
Grand Tour que las clases altas británicas imponían a sus hijos como parte esencial de su formación. En Alemania está arraigada la costumbre de tomarse un año al acabar la universidad. Aquí, ese mismo paréntesis se lee como falta de seriedad.
De ahí nacen los consejos más pragmáticos: no decir nunca que has estado un año sin hacer nada. Mejor un curso de inglés, una idea de negocio explorada, un voluntariado. La lógica es que la selección funciona como un juego de engaños mutuo y que lo importante es que la historia sea verosímil y difícil de comprobar.
Cartas de recomendación y verificaciones que no salvan a nadie
La petición de referencias se vende como garantía, pero su utilidad es dudosa. Los escritos de recomendación se verifican por teléfono, y en esa llamada no es raro escuchar que el candidato era conflictivo o que su indemnización fue una buena inversión. Un papel firmado no arregla eso.
Esa es la parte que rara vez se cuenta: el filtro del currículum no es más fiable que el candidato al que examina. Y quien lo escribe también adorna.
Con este panorama, la conclusión lógica sería que las empresas castigan la pausa y premian la disponibilidad permanente. Ocho años después de que empezara esta conversación, alguien volvió a escribir para decir que seguía pensando lo mismo. El dato que descoloca no es ese. El dato es que la pregunta sobre la rotación de personal rara vez se responde.