España y Japón: treinta años de salarios reales estancados
¿Cuánto ha mejorado el poder adquisitivo del salario medio español en tres décadas? Muy poco. ¿Y el japonés? Ha empeorado. La comparación con Japón, ese espejo en el que nadie quiere mirarse, tiene un consuelo agridulce: al menos no somos el país que pierde. Pero los datos de la OCDE invitan a no cantar victoria.
El dato que duele: España cae en la OCDE
El análisis de los últimos datos de la OCDE muestra que el salario real en España seguía en el primer trimestre de 2025 un 4,2% por debajo del nivel del primer trimestre de 2021. Entre las grandes economías del club, solo Australia e Italia acumulan una caída mayor en ese periodo. Es decir, después de la pandemia, la recuperación salarial española no solo no ha llegado: sigue en negativo.
La cosa cambia si se amplía el zoom. Desde 1996, el salario nominal medio español ha subido apenas un 3,4% acumulado, mientras que el IPC ha avanzado un 102%. Para mantener el poder adquisitivo de entonces, aquel salario medio de 190.000 pesetas mensuales (unos 1.200 euros en 14 pagas) debería ser ahora un 102% superior. No hace falta ser matemático para entender de dónde viene la sensación de empobrecimiento.
Japón: treinta años en negativo
El titular del análisis es correcto. Según la OCDE, los salarios reales japoneses han caído en torno a un 4% desde 1995. Tres décadas en terreno negativo, con una burbuja inmobiliaria de manual que estalló a principios de los noventa y una sociedad riquísima que, en lugar de elevar el nivel de vida, vio cómo el dinero se evaporaba en activos inmobiliarios. La economía japonesa, como apunta algún análisis, lleva anclada en el año 2000 desde los años ochenta.
La trampa de la inflación oficial
Una de las discusiones recurrentes es si el IPC oficial refleja la pérdida real de poder adquisitivo. El argumento es conocido: cuando el consumidor sustituye la marca de yogur que compraba antes por otra más barata, el estadista lo computa como una ganancia de bienestar. Pero el carrito de la compra ya no es el mismo. De ahí la sospecha de que las cifras oficiales maquillan el retroceso, y de que si se usara una inflación “real”, la caída del salario en España sería aún mayor.
El consuelo báltico: convergencia o carrera hacia el fondo
Cada vez que se publica un ranking salarial, el debate deriva hacia los países bálticos. Letonia tiene un salario medio de 22.844 euros brutos al año, Lituania de 30.603 y Estonia ronda los 25.600. Todos por debajo de los aproximadamente 34.000 euros de España. Para unos, es la prueba de que España no está tan mal: hay países que ganan menos. Para otros, es una trampa estadística: los países que más suben sus salarios reales son precisamente los que partían de niveles miserables. La convergencia no es un logro, es una anécdota.
El fondo del asunto: productividad y pensiones
Detrás del estancamiento salarial asoma la vieja pregunta: ¿dónde va el dinero que produce el trabajo? Los beneficios empresariales han crecido muy por encima de los salarios desde 2000, mientras la productividad nominal tampoco se traduce en nóminas. Y cuando se toca el tema de las pensiones, el debate se enciende: si los salarios no suben, las cotizaciones tampoco, y el sistema público de pensiones queda en la cuerda floja. Algunas voces sostienen que hay que ajustarlas a la realidad económica; otras responden que bajar pensiones es condenar a los mayores a la pobreza. Una discusión que, como los salarios, no avanza.
Al final, la conclusión es poco reconfortante: en la carrera del poder adquisitivo, España no gana, pero tampoco pierde del todo. Japón lleva treinta años perdiéndolo, y aun así se las arregla para seguir siendo un país rico. Quizá el verdadero indicador de éxito no sea cuánto cobras, sino lo que te queda después de pagar el alquiler. Ahí, desde luego, no hace falta que lo explique un gráfico de la OCDE.