Yinn: los seres de fuego sin humo que susurran al oído
Un vídeo que circula estos días resume la doctrina islámica sobre los yinn: criaturas creadas por Alá a partir de fuego sin humo, con libre albedrío. Pueden ser piadosos o incrédulos, y algunos conviven muy cerca de los humanos. La exposición tiene de todo, desde quien la asume como tradición hasta quien la despacha como una superstición medieval.
La parte más llamativa es la clasificación. El Qareen, por ejemplo, es el yinn que acompaña a cada persona durante toda su vida y se dedica a susurrarle pensamientos, generalmente inclinándola al pecado. El vídeo recuerda que el propio Mahoma mencionó a su qareen y que este fue sometido. Otro tipo es el Amir, un yinn que se instala en las viviendas humanas. Y no busquen lámparas: según otra observación, los yinn están más asociados a elementos naturales como perros y serpientes.
La cultura popular ha hecho el resto. El genio de Aladdín es la versión amable de una entidad que el cine de terror turco ha explotado a fondo. La película Dabbe: Cin Çarpmasi, centrada en invocaciones y exorcismos, se recomienda como retrato del fenómeno, con la advertencia de que es terror religioso de verdad.
Entre los escépticos hay quien ve aquí un arquetipo de control social, una superstición medieval, y no le falta réplica: algunos críticos de la superstición ajena se tragan dogmas contemporáneos sin pestañear. Pero ni el escepticismo ni la risa borran un hecho: la creencia en los yinn sigue viva en el cine, la literatura y la teología islámica.
Lo curioso es que el yinn, nacido como un susurro, se haya convertido en una industria del miedo. El genio que concede deseos ahora atemoriza en pantalla. La tradición, mientras tanto, asegura que sigue ahí, susurrando incluso a quien no cree.