Tengo una anécdota familiar con él. Había un fallo de diseño y fabricación en algunos de los primeros autobuses de motor trastero horizontal de Barreiros y eso creó muchos clientes descontentos.
Don Eduardo podía haber mandado a tomar por pandero a los clientes pero en vez de eso les repuso los motores averiados y encargó una mejora para evitar el fallo, pagándolo de su bolsillo. Su decálogo sigue siendo un perfecto código de honor y de negocios:
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Dicho sea sin ánimo de despreciar a nadie de la ENASA, que son uno de los pocos ejemplos de empresa estatal que hacía productos de clase mundial. Ay, si en vez de haberse puteado tanto se hubiesen ayudado...