Sandía borracha: el truco del vodka que vuelve a triunfar
La técnica de emborrachar una sandía ha resurgido con fuerza en las últimas semanas. Consiste en introducir una botella de licor –generalmente vodka o ron– boca abajo en la fruta, dejando que la pulpa lo absorba durante 24 horas. Luego, otras 24 horas en nevera. El resultado: una sandía con una graduación alcohólica considerable que se sirve fría, en dados o rodajas, y que en fiestas «entra sola», según los que la han probado.
La proporción clásica es una sandía de 4-5 kilos con una botella de 750 ml de destilado. Se abre un hueco para el cuello, se invierte la botella y la sandía «bebe» el licor sin necesidad de inyectar nada. Quienes lo han hecho aseguran que el vodka queda más neutro y el ron aporta un toque dulce. El Malibú –muy popular en los 2000– también funciona, dejando un gusto más suave.
Una variante más elaborada, vista en vídeos, consiste en vaciar la pulpa, mezclarla con vodka y gelatina, rellenar la corteza y refrigerar. Al cortar se obtienen porciones perfectas, como si la sandía estuviera entera.
¿Y con vino? Según la experiencia, aunque es posible, el color oscuro del vino altera el aspecto de la pulpa. En cuanto al sabor, una botella entera de alcohol garantiza «la cogorza», pero el gusto final es más a licor que a fruta, sobre todo si se usa alcohol barato.
La receta no es nueva, pero su vuelta a la escena gastronómica demuestra que los trucos de siempre siguen funcionando. Eso sí, conviene medir las dosis: una sandía borracha puede esconder más alcohol del que parece.