El Cybercab sin volante ya rueda en Austin y Europa pone fecha
Para pedirlo, se abre una app. Uno se sienta, la puerta bascula hacia arriba y el cacharro arranca sin nadie al volante. Porque no hay volante. Ni pedales. El Cybercab, el biplaza autónomo con el que Tesla quiere levantar su negocio de Robotaxi, circula ya en flota operativa por el centro de Austin, y ese es el detalle que separa este anuncio de la larga lista de promesas que Elon Musk lleva acumuladas. Para unos es el principio del fin del taxi tal y como lo conocemos. Para otros, marketing envuelto en neón.
Un taxi de dos plazas, no un coche para ti
Conviene empezar por lo que no es. El Cybercab no está pensado, al menos de momento, como vehículo privado: es una pieza de flota, con suscripción y formulario para empresas. Dos plazas y un maletero enorme. La justificación es tan simple como incómoda: en torno al 90% de los trayectos en taxi los hace una o dos personas. La flota se completa con Model Y de cuatro plazas para cuando el grupo crece.
Las puertas que se abren hacia arriba no son capricho estético —ocupan menos espacio al aparcar y llevan décadas siendo normales en Japón—, aunque en el vídeo recuerden más a una nave de videojuego que a un utilitario. Varios apuntan que la tipografía recuerda demasiado a Cyberpunk 2077. Veremos si el coche sale igual de fábrica.
Nivel 4, geofencing y la línea que no conviene saltarse
Aquí está la letra pequeña que el titular se salta. El sistema que opera en Austin es SAE Nivel 4: cien por cien autónomo dentro de zonas premapeadas, supervisado fuera de ellas. No es Nivel 5. La distancia entre uno y otro no sería tecnológica, sostienen los más optimistas, sino regulatoria: el coche ya sabe hacerlo, la ley no le deja. El FSD supervisado, el que llevan los Tesla de calle, sigue siendo Nivel 2, igual que el de sus competidores.
La conducción autónoma sin LiDAR, basada solo en cámaras, es la apuesta de Musk y también su mayor objeto de sospecha.
El calendario europeo: Eslovenia ya, España esperando
El FSD supervisado se aprobó primero en Holanda y ya van seis países de la UE con luz verde, Eslovenia la última. Francia, según las previsiones manejadas, llegaría el mes que viene. España, de momento, espera una votación general europea fijada para el 6 de octubre, con el Ministerio de Transporte y la DGT mirando cómo se mueven los demás. En Madrid ya se hacen pruebas con un humano supervisando.
Bruselas, con Francia a la cabeza, quiere que Tesla retire la opción que permite al sistema saltarse los límites de velocidad. El argumento de fondo: prohibirla no haría que la gente dejara de correr, solo la empujaría a desconectar el asistente y pisar el acelerador a mano.
Suscripción, anuncios y el fantasma de los 99 euros al mes
El modelo de negocio tiene poco de gratuito. El FSD va por suscripción, en torno a 99 euros al mes, que se puede encender y apagar. La conectividad premium añade 9,99 más. El software se actualiza por aire, incluso ocho años después, sin pisar el concesionario. Y hay quien ya dibuja el siguiente paso: anuncios en la pantalla del taxi, wifi de pago y subidas de tarifa por capas.
Mientras en Austin se vende la novedad, los fabricantes chinos ya operan taxis y autobuses autónomos en varias ciudades con una tarifa plana de dos euros por viaje. El dato que descoloca no es cuánto tarda Tesla en llegar. Es que llega a un sitio donde otro ya estaba cobrando.