Marruecos, fuera del Mundial: la petición que incomoda a la derecha
La tarde del 8 de agosto de 2026, los grupos parlamentarios de VOX, Sumar y Podemos registraron una petición inesperada: expulsar a Marruecos de la organización del Mundial de fútbol de 2030. No es un gesto simbólico. La candidatura conjunta de España, Portugal y Marruecos se tambalea y, con ella, el negocio de la FIFA.
En cuestión de horas, la petición ha resucitado un viejo cisma español. Mientras un bloque pide mano dura con Rabat, la derecha parlamentaria prefiere repetir que «Marruecos no es el enemigo». En esta ocasión, la izquierda ha ganado de mano en la batalla por el relato.
Un frente inédito: VOX con la izquierda
Lo llamativo no es la medida, sino quiénes la firman. La propuesta busca que la FIFA deje a Marruecos fuera de la triada organizadora, después de que el país norteafricano, según distintas informaciones, intente quedarse con la final del torneo, que correspondería al principal organizador, España. La corrupción en el organismo de Gianni Infantino no es un secreto, y la jugada de Rabat no habría sido posible sin la puerta que se le abrió desde Moncloa.
Ceuta y el Sáhara: el telón de fondo
La petición no nace en el vacío. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla viven un pulso constante con Marruecos, con episodios que han elevado la tensión al máximo. En paralelo, el reconocimiento del Sáhara Occidental como parte del reino alauita por parte del gobierno español sigue enconando el debate.
Hay quien ve en la actitud gubernamental una cesión permanente, y quien la interpreta como una alineación con los intereses estratégicos del país. Pero hay un dato que descoloca a todos: ni el gobierno ni la oposición principal se atreven a pronunciar un «casus belli» cuando se tocan las fronteras. La firmeza, en este caso, parece un lujo que el poder no puede permitirse.
La aritmética de la oposición
La consecuencia política, sin embargo, se juega en el Congreso. Entre PP y Vox suman 170 escaños, a seis de la mayoría absoluta. Esa distancia explica, en parte, por qué la derecha evita quemar puentes con otros gobiernos. Pero también explica por qué la izquierda, con sus contradicciones, ha conseguido apropiarse del único relato que conecta en la calle: nadie quiere regalarle la final a quien te presiona en tus fronteras.
La discusión queda abierta, sin que la FIFA se haya pronunciado. Y el penalti sigue sin lanzador: si pedir la expulsión de Marruecos es de izquierdas, ¿qué hace la derecha en el área?