El Xokas llama analfabetos a los votantes del PSOE y el dato de 1975 salta por los aires
El streamer más visto de España suelta que a Pedro Sánchez «sólo pueden votarle analfabetos» y la conversación derivada acaba donde nadie la esperaba: en una pelea estadística sobre si en 1975 se vivía mejor con la mitad de renta. La respuesta no es la que el sentido común sugiere.
El detonante es un tuit que recoge la frase del creador gallego contra el presidente del Gobierno. La reacción inmediata en redes se divide entre quien aplaude el exabrupto y quien recuerda que el personaje lleva años llamando retrasado a medio país. Pero el hilo no tarda en mutar hacia algo más interesante: la comparación entre el salario medio de 1975 y el de hoy, ajustada a inflación.
El cálculo de 1975 que desmonta el relato de la nostalgia
Un usuario rescata una cadena de tuits del periodista José María Sánchez Galera con la que se pretende demostrar que el español medio vivía mucho mejor hace medio siglo. Los números que aporta son estos: renta per cápita de 15.000 euros en 1975 frente a 31.000 hoy; salario medio de 350.000 pesetas (2.100 euros) entonces frente a 27.000 euros anuales ahora; salario mínimo de 120.000 pesetas (720 euros) frente a 16.000 euros actuales. Con el IPC acumulado del 1.419% entre 1975 y 2024, esas 350.000 pesetas equivalen a 29.799 euros de hoy y las 120.000 del salario mínimo a 10.217 euros.
La conclusión que se extrae es incómoda para la nostalgia: el salario medio de 1975, ajustado, era prácticamente el mismo que el de hoy. La diferencia está en el precio de la vivienda. Con 15.000 euros de renta per cápita, sostiene el tuit, se compraba un piso de 150 metros en la plaza de Castilla; con 31.000 euros hoy, no llega ni para un zulo. El litro de leche costaba 21 pesetas (0,13 euros) y el periódico 10 pesetas (0,06 euros).
Hay quien corrige el dato de partida: 15.000 euros anuales son 1.250 euros al mes, o 200.000 pesetas mensuales en 1975, cifra que sólo ganaban médicos, farmacéuticos e ingenieros. La renta per cápita real de entonces, sostiene este análisis, rondaba los 3.000 dólares anuales, unos 250 euros al mes. La discrepancia no invalida el fondo: el poder de compra del salario medio apenas se ha movido en cincuenta años.
¿Por qué la vivienda rompe la comparación entre 1975 y hoy?
Porque es donde se va la mitad de la renta familiar y porque su precio no ha seguido la misma curva que los salarios. El cálculo que circula en el hilo es que en 1975 una casa de 150 metros se pagaba con entre tres y siete años de salario medio. Hoy esa proporción se ha multiplicado sin que nadie haya subido los sueldos en la misma medida. La consecuencia práctica: el español medio de 2024 tiene un salario real similar al de su abuelo, pero compite por un activo cuyo precio se ha desacoplado por completo.
La otra pata del argumento es fiscal. En 1975 no existía el IVA, el IRPF era mucho más bajo, la luz y el agua costaban una fracción de lo actual y el IBI no existía como tal. Sumar esos conceptos al cálculo deja un poder de compra efectivo aún menor del que sugiere la comparación bruta de salarios. El dato de inflación oficial, además, se cuestiona por excluir la vivienda, que es precisamente donde más ha subido todo.
La calidad de la vivienda construida en los 70: el contraargumento
No todo el mundo acepta la lectura nostálgica. Frente a la idea de que antes se vivía mejor, aparece el recordatorio de que los pisos de los 70 y 80 se construían con aislamiento térmico deficiente, fibrocemento con amianto y pinturas que se oxidaban en pocos años. La comparación de precios, sostiene esta corriente, ignora que el producto no es el mismo: hoy el aislamiento, la eficiencia energética y la durabilidad del inmueble están a años luz. La respuesta a eso es que la mayoría de españoles sigue viviendo en pisos de esa época, no en promociones nuevas.
El trasfondo político: quién vota a quién y por qué
Más allá de la estadística, el hilo deriva hacia la sociología electoral. Una parte del análisis sostiene que el votante del PSOE no es tonto, sino que responde a incentivos concretos: empleo público, subvenciones, pensiones y un ecosistema de ayudas que hace racional el voto. Otra parte lo atribuye directamente a una cuestión de carácter o de interés personal. Y una tercera, más incómoda, apunta a que el problema no es la ignorancia sino la intención: votar a quien se sabe que arruina el país por beneficio propio.
La frase del streamer, en cualquier caso, funciona como catalizador de un malestar más amplio. Un creador que se hizo millonario jugando a videojuegos y hablando en vulgar se convierte en portavoz accidental de una indignación que los partidos no canalizan. Eso, y no el insulto, es lo que explica que el asunto siga dando vueltas días después.
¿Cuánto tiene que subir el salario medio para que la generación que hoy no puede comprar un piso deje de mirar los datos de 1975 con envidia?