Eclipse y gafas gratis: el recelo que alimenta la teoría de la ceguera masiva
¿Puede un eclipse dejar ciega a gran parte de la población? Suena a argumento de novela apocalíptica, pero circula desde hace días un mensaje atribuido a un oftalmólogo que avisa del riesgo de las gafas de cartón de dos euros y de las certificaciones ISO. La quemadura de retina no tiene vuelta atrás, recuerda. Hasta aquí, prudencia médica.
El texto va más allá y establece un paralelismo con otras campañas de prevención: “el gobierno regaló banderilla, ahora regala gafas”. La conclusión que se dibuja es que la población sería sometida a una especie de experimento colectivo. No falta quien invoca a Saramago y su “Ensayo sobre la ceguera” como profecía.
La politización del asunto es previsible. Se habla de “relato del timo climático”, se compara la protección ocular con un plan para fabricar víctimas y se aprovecha para atacar la gestión de los partidos. Algunos, más pragmáticos, resuelven el dilema con sentido común: no comprar las gafas y no mirar al sol, porque el eclipse apenas dejará un minuto de penumbra.
Lo curioso es que, en medio del ruido, la duda razonable sobre la calidad de las gafas de bajo coste se diluye en un relato conspirativo que lo atribuye todo a una entidad llamada “El Viruelo”, presentada como una suerte de mal absoluto. Da igual que no existan pruebas: la narrativa se sostiene sobre la premisa de que el gobierno nunca actúa de buena fe.
El eclipse pasará y la vista estará a salvo para quien siga las instrucciones oficiales. Pero la desconfianza queda sembrada. Y eso, a diferencia de la quemadura de retina, tiene fácil contagio.