Por lo que entiendo y he visto en vuestros textos, entendéis Hispanidad como el refuerzo de la fe.
Pero ese eje de la Historia de España es inmediatamente comprensible por la razón para quien ha recuperado la fe , sin grandes esfuerzos intelectuales. Desde mi modesto punto de vista.
La Hispanidad no deja de ser un concepto de sustitución, porque en realidad se queda corto, porque la Hispanidad como concepto cultural tiene su interés, en realidad sustituye a la cristiandad Hispánica, es decir a la Monarquía Hispánica. Es un elemento ya no cultural, sino político, que tiene que ver con la interpretación completa de la Historia de España. De la Cristiandad mayor que se rompe cuando nacen los estados europeos y queda reducida a la Monarquia Hispánica de la Casa de Austria como Cristiandad menor. Esta incluso rota en el siglo XIX, por las ideas liberales e ilustradas que son las que lejos de construir España, la destruyen, quedando una Cristiandad mínima que sería el Carlismo.
Ahora bien, como te decía, o bien carne de cañón para las empresas o carne de cañón para la revolución con las ideologías dominantes es muy díficil que haya espacio para la Hispanidad.
Sobre el último párrafo, pues siempre que se ha intentado crear algo se ha acabado rompiendo con los lazos naturales. En cualquier caso, un placer hablar contigo conforero.
Creo que el reflote de la idea de Hispanidad tiene mucho que ver como punto de inflexión de lo que usted afirma. Toda la decadencia que menciona está impulsando un deseo y una necesidad de autoafirmación de una identidad masacrada por los poderes imperantes pero que detrás de esa masacre no han sabido hacer nuevas propuestas y con ellas, nuevas formas de conquista de las almas. Han creado un vacío existencial en la comunidad hispánica, por decirlo así, que de vuelta de la aventura liberal y socialista que los condenó sin paliativos a ser patios trastero y consumidores con alcances muy limitados e inestables, buscan referencias. Las tuvieron, así lo pensaron y pensamos en realidad, en la promesa de un nuevo mundo de paz y pogre que sin embargo sacudía con extrema violencia a nuestros países apenas padecieran un resfriado esos prometedores y encantadores sin una idea de imperio universal pero sí global en términos de factoría. Son imperios de carácter nacionalista y étnico que no pueden aceptar la igualdad eficaz entre los pueblos de la tierra ni siquiera cuando sueñan tenerlos a todos a sus pies. Por decirlo de otro modo, se han estrellado contra el techo de cristal de su propia incapacidad filosófica para asumirse líderes de un mundo en paz tutelado y dirigido por ellos. Nacionalismo, racismo, mesianismo, fatalidad justificante... son las debilidades intrínsecas de esos modos imperiales al borde del agotamiento.
Hay mucha teología implicada aunque lo vistan de filosofía. Tal vez sea esa la razón por la que su pensamiento ya no puede sino dar vueltas sobre su mismo eje, como la cuerda que se acorta en cada vuelta completa al un poste.
Ya no podemos soñar más que en transhumanismo o guerras. O en ambos, como una necesidad maldita que abra el camino a la próxima revolución.
Como ve, estamos planteando el problema de la Hispanidad en términos temporales diferentes. El suyo, pragmático, hace hincapié en los hechos y en el estado de cosas actuales, y desde ellos está convencido de que nada se puede hacer. Aprecia la fuerza del rival y al mismo tiempo destaca ese proceso de contracción de la Cristiandad. Mi punto de vista parte precisamente de ahí, sin poner una coma ni un pero a lo que ha dicho. Esa foto fija de la que habla, es eso, una foto fija que por muy fiel a la realidad del momento que sea, lleva consigo a su vez la semilla de su propia destrucción.
Se dice algo así como que el verdadero prestigio de uno se lo da la calidad de sus enemigos en una relación directa. Los impulsos leyendazainistas no han cesado ni cuando los objetos de su persecución muestran claramente que ya no son rivales dignos de su afán. Si naciones tan poderosas se complacen aún en humillarnos cuando nuestra inestabilidad e insignificancia internacional movería más a compasión y a tregua que al escarnio sistemático que no solo no ha cesado sino que parece ir a más, deberíamos considerar qué somos a sus ojos que con tanta saña hurgan en nuestras heridas. ¿Qué futuro nos espera que no sea disolvernos teniendo asumida una historia tan clara y tenazmente manipulada? Eso es lo que está pasando a mi parecer. No nos queda más ilusión que buscarnos un lugar preferente bajo la mesa de los señores... y eso no es suficiente cuando pogre vamos conociendo que una vez fuimos causa de una envidia malsana y luego rivales dignos de combatir.
La Hispanidad por tanto es una "idea" de futuro que en las actuales circunstancias -las que usted menciona- tiene capacidad para introducir una brisa de esperanza y al contrario que en otras ocasiones, no la buscaremos fuera de "lo nuestro", sino recuperando la memoria de lo nuestro. Ánimos de desquite y venganza están garantizados pero espero que se trate tan solo de una reacción lógica al gran engaño, a la gran seducción. Precisamente el futuro de la Hispanidad lo entiendo como una propuesta de futuro que toca -debe hacerlo para no fracasar- todos los órdenes de la vida personal y colectiva. Exige una transformación profunda que debe incluir quitarse de encima los viejos vestidos. Exige hombres y mujeres nuevos con Fe en el nuevo -bimilenario- paradigma. Tengo la impresión que algunos lo ven y piensan en clave de poder estratégico pero parece que ignoran la calidad humana de la base. Los viejos -el mundo hispánico atado a sus complejos que cuando no es derrotista es cínico- se comportarán como viejos incluso ante ideas nuevas y así las ideas serán como flores que marchitan su lozanía en las manos de esos viejos hombres atados a un tiempo pasado incompatible con el futuro si son incapaces de transformarse.
Hay teología implicada y así debe ser porque no se entiende desde parámetros meramente materialistas y pragmáticos los esfuerzos de aquellos españoles y luego hispanos que supieron seguir el caminar del sol...
Y ahora regresemos al suelo y veamos qué hay que hacer. Sigamos quitando barro y excrementos de nuestra identidad hispana. No excluyente, no racial, no nacionalista. Muy humana.