Era una tarde tranquila en las calles de Zamora. Incluso más de lo habitual, con poca gente paseando debido a las temperaturas otoñales que está viviendo la capital estos días. No debía ser, por lo tanto, un día con demasiados sobresaltos para los viandantes del Casco Antiguo. Al menos, así fue hasta que alrededor de las 15:30 de la tarde, ocurrió uno de esos sucesos que mezclan la rareza, la concatenación de desdichados acontecimientos e incluso la pena por lo ocurrido. Ese podría ser el marco que rodeó el triste final de una ardilla callejera en la Rúa de los Francos, después de quedar malherida en plena Rúa de los Francos.
Para el susodicho animal, nada cambiaba respecto a cualquier otro día de octubre, incluso respecto a cualquier otra jornada de su vida. Se encontraba tranquilamente merodeando las esquinas de una de las calles más concurridas del Casco Antiguo, buscando alimento para satisfacer su apetito. Fue entonces cuando tomó la que terminaría siendo su peor decisión: cruzar la calle. En ese mismo instante, una usuaria de bicicleta circulaba por el centro del terreno adoquinado, ocurriendo un desafortunado atropello que dejó al mamífero malherido para en pocos minutos perecer ante la indolencia de sus vecinos.
Para el susodicho animal, nada cambiaba respecto a cualquier otro día de octubre, incluso respecto a cualquier otra jornada de su vida. Se encontraba tranquilamente merodeando las esquinas de una de las calles más concurridas del Casco Antiguo, buscando alimento para satisfacer su apetito. Fue entonces cuando tomó la que terminaría siendo su peor decisión: cruzar la calle. En ese mismo instante, una usuaria de bicicleta circulaba por el centro del terreno adoquinado, ocurriendo un desafortunado atropello que dejó al mamífero malherido para en pocos minutos perecer ante la indolencia de sus vecinos.