El 98 como traición: el romance de Marquillos que vuelve a la arena pública
«El traidor era Marquillos, todos le llaman traidor, por dormir con su señora, ha apiolado a su señor». Este antiguo romance castellano se ha convertido en metáfora recurrente para explicar la pérdida de Cuba en 1898. El argumento es simple: no hubo derrota militar, sino una conspiración de las oligarquías de la isla y la península que vendieron la soberanía a Estados Unidos. La flota española no era de carabelas —señalan los defensores de esta tesis— y el país había resistido siglos a ingleses, franceses y holandeses. La clave, afirman, fue la traición interna, desde los políticos hasta los militares que impartieron órdenes absurdas. El caso del submarino de Isaac Peral se cita como ejemplo de esa voluntad de autolimitación.
La versión de la inferioridad técnica
Frente a esta corriente, existe quien sostiene que la guerra era imposible de ganar por abismal diferencia tecnológica y de poder naval. La comparación —un equipo de Primera División contra uno de Segunda B— ilustra una lectura menos conspirativa. Sin embargo, los partidarios de la traición replican que, aunque hubiera desventaja, una estrategia patriótica habría causado daños mucho mayores al enemigo, evitando la rendición sin condiciones.
Un siglo de traiciones que definen la identidad
Algunos analistas extienden el patrón: el siglo XIX español sería una sucesión de traiciones, desde Godoy y Trafalgar hasta el 98. Ese siglo de derrotas forjó complejos de inferioridad que perduran. La idea de que «solo nos han vencido mediante la traición» —desde Viriato— conecta con un relato de resistencia estoica: los españoles aguantan el martirio hasta que un día el límite se rebasa. Pero la pregunta que queda abierta es si esa narrativa sirve para explicar el presente o alimenta una melancolía paralizante.
El desembarco de la tesis no es nuevo, pero en cada coyuntura de crisis identitaria resucita. Y mientras los historiadores Federico Santaella, Cesáreo Jarabo y Carlos Canales se citan como aval, el debate sigue sin cerrarse: ¿traición o derrota inevitable?