La brecha electoral de género se ensancha en Europa
El voto europeo se está partiendo por género. Según un participante, en Alemania dos tercios de los votantes de partidos como AfD son hombres, y si AfD alcanzara el 28% que le atribuyen las encuestas, entre los varones treintañeros rondaría el 40% mientras entre las mujeres apenas superaría el 20%. La brecha no es exclusivamente alemana: en Suecia, según un tuit citado en el foro, cerca del 75% de las mujeres de 18 a 29 años habría votado a partidos de izquierda.
Qué dicen los datos en Alemania y Suecia
En Alemania, un participante sostiene que la demonización de la ultraderecha es total y que eso amplifica el coste social de declarar el voto. Otro afirma que el resultado es un electorado masculinizado y joven. En Suecia, el análisis del diputado Fredrik Kärrholm en The Spectator sostiene que la inmigración ha influido en el resultado electoral, y el diputado Björn Söder (SD) califica de «autolesión» que, si es cierto, tres de cada cuatro mujeres de 18 a 29 años voten a la izquierda.
Incentivos económicos y coste social
Una parte del análisis atribuye la brecha a la estructura laboral: las mujeres jóvenes están sobrerrepresentadas en el sector público, cuyo salario depende del gasto estatal, mientras los varones sin cualificación se concentran en reparto, obra o plataforma. Otra corriente sostiene que el voto femenino responde a presión social y a lo que los medios presentan como aceptable. Estas tesis, discutidas, no están respaldadas por evidencia causal sólida.
El coste relacional
Hay quien apunta a un efecto colateral: relaciones de amistad, familiares o de pareja que se rompen por la ideología. Un participante señala que las mujeres musulmanas en Suecia registran la tasa de empleo más baja con diferencia, lo que complica el relato de un bloque progresista homogéneo.
Un participante sostiene que la brecha no es un fenómeno de carácter, sino de incentivos y estructura social, y que lo demás es propaganda.