De la Endura cátara al retiro de ayuno: la salud como negocio
¿Se puede vender como terapia algo que nació como sacramento? La pregunta atraviesa una discusión reciente sobre el ayuno, la antigua práctica cátara de la Endura y su salto a la economía del bienestar. En el centro del relato aparece Antonio, un amigo del narrador que andaba cerca de los ochenta años y no tenía enfermedad que llevase nombre, aunque sí dolores que mudaban de sitio.
Qué era la Endura cátara y por qué se compara con el ayuno actual
La Endura existía como sacramento dentro de la doctrina cátara, según un participante que dice haber leído sobre los cátaros. El Consolamentum, según el mismo, era algo parecido al bautismo. No era,
hay quien sostiene, una búsqueda de la muerte: serviría para descubrir los motivos que uno tiene para vivir. El asunto llega justo ahí, al punto en que el ayuno ritual y el ayuno
de moda se miran de frente.
El ayuno como terapia: 'pasar la ITV del cuerpo'
A siglos de distancia, el ayuno reaparece como producto. Un centro que se promociona como
salud vital lo presenta como «un camino olvidado hacia la salud» y una forma de «pasar la ITV del cuerpo y de las emociones». En el relato compartido, un participante cuenta que probó una semana
solo con agua, «sin un zumo, ni un caldo». Frente a eso, la defensa de la frugalidad: ser
frugal alargaría la vida, según un comentario, aunque exige una fuerza de voluntad que no todo el mundo tiene.
Soledad, raíces y el aumento de las ideas suicidas
La parte incómoda llega cuando la conversación roza el tema del suicidio. Una corriente de opinión sostiene que sin raíces, sin sociedad activa, la soledad empuja hacia el suicidio. Otra describe la ideación suicida como una señal de alerta, el estadio más alto de aviso ante el sufrimiento, y pide mirar qué la provoca en lugar de alarmarse solo por su subida. Son interpretaciones, no diagnósticos, y ninguna convierte el sufrimiento en una salida.
Vender la puesta a punto del cuerpo tiene su público. Vender la del alma, al parecer, también. El negocio, eso sí, sigue sin cotizar en bolsa.