La cita previa no funciona por accidente: el análisis que lo tacha de política deliberada
El sistema de cita previa para trámites administrativos en España está colapsado, pero no por falta de tecnología o personal, sino porque la ineficiencia es intencionada. Quienes defienden esta tesis apuntan a una estrategia de desincentivo de la demanda, especialmente de pensiones y subsidios de paro. Mientras la OCU denuncia el problema como una "misión casi imposible", un análisis más crudo señala que cada jubilado que no logra su cita ahorra meses de gasto público.
La tesis de la ineficiencia programada
Según este enfoque, el sistema no está diseñado para fallar accidentalmente, sino para filtrar solicitudes. Se cita el ejemplo de los mayores, que son los más perjudicados, desistiendo de sus trámites. Un jubilado que no puede pedir su pensión sigue cotizando a efectos estadísticos. Un parado que no se apunta no engrosa las listas. La Administración logra así un maquillaje fiscal a corto plazo.
La solución digital que nadie quiere
Técnicamente, el problema tiene una solución trivial. Una app o web que use el DNIe o Clave, con cola única y verificación biométrica en la cita, acabaría con la especulación de gestores informales y la lotería diaria. Sin embargo, esa solución no se implementa porque la opacidad actual es un negocio para miles de intermediarios y, para ciertos funcionarios, una coartada para la baja productividad. Mientras tanto, países como Holanda resuelven la identificación y alta en la Seguridad Social en un solo edificio municipal, sin citas imposibles.
La cuestión no es si España puede arreglar la cita previa, sino si quiere hacerlo. El debate de fondo no es técnico, sino político: admite el statu quo o se asume que la burocracia es un mecanismo de control, no un servicio.
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