assakopako
Lonchafinista
- Desde
- 16 Jul 2023
- Mensajes
- 199
- Fruta
- 107
¿Es posible que una simple oferta de empleo en pleno siglo XXI sea en realidad la clave para descifrar el pasado de la humanidad?
Los teóricos de los antiguos astronautas dicen que sí.
Si examinamos la lógica tradicional, un ingeniero tiene la tarea de simplificar, optimizar y construir de la manera más eficiente posible. Sin embargo, esta oferta de empleo busca exactamente lo contrario: un ingeniero especializado en complicarse la vida. Alguien que construya un transbordo espacial solo para encender una bombilla, o que diseñe estructuras masivas y laberínticas para resolver problemas inexistentes.
Los escépticos sugerirán que esto es simplemente un anuncio humorístico, una estrategia de marketing moderna para atraer talento curioso. Pero si esto es así... ¿cómo explicamos los monumentos del mundo antiguo?
Pensemos por un momento en las pirámides de Giza, las piedras megalíticas de Sacsayhuamán o los bloques perfectamente cortados de Puma Punku. Para la arqueología oficial, estas estructuras fueron hechas por pueblos de la Edad de Bronce usando herramientas de cobre y cuerdas. Pero si observamos la complejidad matemática, el alineamiento estelar perfecto con la constelación de Orión y el transporte de bloques de 80 toneladas a lo largo de kilómetros de montaña... nos encontramos ante el ejemplo histórico más puro de sobreingeniería. Eran ingenieros complicándose la vida a una escala monumental.
El silogismo es innegable:
Premisa A: Los seres humanos, por naturaleza evolutiva y supervivencia, buscan siempre el camino del menor esfuerzo y la eficiencia energética.
Premisa B: La arquitectura ancestral y esta misteriosa oferta de trabajo exigen voluntariamente el camino de la máxima complejidad y el sobreanálisis absurdo.
Conclusión: Por lo tanto, el impulso humano de complicarse la vida mediante la ingeniería no es un rasgo natural de nuestra especie. Tuvo que ser implantado en nuestro código genético.
¿Podría ser que los antiguos textos que hablan de dioses bajando del cielo en carros de fuego se refirieran, en realidad, a instructores extraterrestres? ¿Seres hipertecnológicos que miraron a los primeros homínidos y dijeron: "Me gusta cómo caminas, pero ¿y si lo complicamos un poco más?".
Si los ingenieros actuales sienten una atracción irrefrenable por diseñar sistemas innecesariamente complejos, no están respondiendo a un chiste corporativo. Están respondiendo a una llamada. Un eco grabado en su ADN por visitantes estelares que, hace miles de años, nos enseñaron que la línea recta es aburrida, y que el universo pertenece a los que se complican la vida.
Los teóricos de los antiguos astronautas dicen que sí.
Si examinamos la lógica tradicional, un ingeniero tiene la tarea de simplificar, optimizar y construir de la manera más eficiente posible. Sin embargo, esta oferta de empleo busca exactamente lo contrario: un ingeniero especializado en complicarse la vida. Alguien que construya un transbordo espacial solo para encender una bombilla, o que diseñe estructuras masivas y laberínticas para resolver problemas inexistentes.
Los escépticos sugerirán que esto es simplemente un anuncio humorístico, una estrategia de marketing moderna para atraer talento curioso. Pero si esto es así... ¿cómo explicamos los monumentos del mundo antiguo?
Pensemos por un momento en las pirámides de Giza, las piedras megalíticas de Sacsayhuamán o los bloques perfectamente cortados de Puma Punku. Para la arqueología oficial, estas estructuras fueron hechas por pueblos de la Edad de Bronce usando herramientas de cobre y cuerdas. Pero si observamos la complejidad matemática, el alineamiento estelar perfecto con la constelación de Orión y el transporte de bloques de 80 toneladas a lo largo de kilómetros de montaña... nos encontramos ante el ejemplo histórico más puro de sobreingeniería. Eran ingenieros complicándose la vida a una escala monumental.
El silogismo es innegable:
Premisa A: Los seres humanos, por naturaleza evolutiva y supervivencia, buscan siempre el camino del menor esfuerzo y la eficiencia energética.
Premisa B: La arquitectura ancestral y esta misteriosa oferta de trabajo exigen voluntariamente el camino de la máxima complejidad y el sobreanálisis absurdo.
Conclusión: Por lo tanto, el impulso humano de complicarse la vida mediante la ingeniería no es un rasgo natural de nuestra especie. Tuvo que ser implantado en nuestro código genético.
¿Podría ser que los antiguos textos que hablan de dioses bajando del cielo en carros de fuego se refirieran, en realidad, a instructores extraterrestres? ¿Seres hipertecnológicos que miraron a los primeros homínidos y dijeron: "Me gusta cómo caminas, pero ¿y si lo complicamos un poco más?".
Si los ingenieros actuales sienten una atracción irrefrenable por diseñar sistemas innecesariamente complejos, no están respondiendo a un chiste corporativo. Están respondiendo a una llamada. Un eco grabado en su ADN por visitantes estelares que, hace miles de años, nos enseñaron que la línea recta es aburrida, y que el universo pertenece a los que se complican la vida.
