Roig reduce el bote de olivas a la mitad sin tocar el precio
Cuesta no pensarlo dos veces: el tarro de aceitunas de siempre, mismo estante y mismo precio, pero con la mitad de contenido. La sospecha apunta a Joan Roig, la cara visible de una gran cadena de distribución, en la última operación de encogimiento silencioso que no figura en ningún cartel de oferta. En economía esto tiene nombre: shrinkflation, la reduflación que juega con el envase para no jugar con el ticket.
Por qué la reduflación pasa desapercibida
La práctica consiste en recortar la cantidad de producto y mantener el precio de venta. Con las olivas, la diferencia salta al comparar el peso escurrido o contar unidades. La resistencia a aceptar la queja ha pedido pruebas. Las fotos no han llegado. El que pide el dato se queda con un “jaque mate” de quien dice ser el proveedor del señor Roig y presume de subirle el precio cada vez más. La confesión no se puede contrastar.
¿Regulación de precios o resignación?
La polémica reabre la vieja aspiración de intervenir el precio de alimentos básicos. Hay quien propone anclar el precio de las olivas al que ya se cobraba hace meses. Hay quien responde que el coste de la materia prima sube y que los márgenes de la distribución son otra cosa. El dato que descoloca es la ausencia total de evidencia: nadie ha presentado una foto del bote nuevo al lado del viejo. La queja se queda en una sospecha con respuesta de manual: “fotos o pruebas”. Y por ahora, el bote sigue ahí, con su mitad menos de aceitunas y el precio intacto.