Rubius a los 36: el youtuber que viste de maid y reabre el debate sobre la madurez en la economía digital
Rubén Doblas, más conocido como Rubius, apareció recientemente ataviado con un uniforme de maid. Con 36 años y sin hijos, la imagen ha vuelto a poner sobre la mesa una discusión que va más allá de la anécdota: ¿es el creador de contenido un eterno adolescente que no construye nada o un pionero que ha sabido adaptarse perfectamente a las reglas de la nueva economía?
El fenómeno de los youtubers que envejecen
La discusión arranca con una constatación generacional: quien fue el rey de los adolescentes ahora roza los cuarenta. Su público original ha madurado, y el propio Rubius empieza a ser visto como «un unc en vez de un bro». La longevidad de su contenido —basado en videojuegos y humor absurdo— es puesta en duda por quienes creen que una persona debe evolucionar con la edad. «Con 36 años, fumando y bebiendo, el hundimiento físico será rápido», apunta un análisis, que vaticina dos años para que el deterioro sea evidente. Por el contrario, hay quien defiende que el youtuber está exprimiendo al máximo una fase que, por definición, es efímera.
¿Trabajo o entretenimiento vacío?
La principal grieta del debate es si lo que hace Rubius merece el calificativo de trabajo. Los críticos equiparan su actividad a la de un payaso o un actor de circo, pero señalan una diferencia clave: «esas profesiones requieren esfuerzo y preparación; él ha recibido el dinero de la nada por hacer tontadas sin sentido». Para otros, la comparación es válida: «da entretenimiento en un nicho concreto y debe ser muy bueno en ello». El youtuber se habría limitado a aprovechar la coyuntura de la economía de la atención, donde el valor se mide por audiencia, no por esfuerzo.
La cuestión de la paternidad y el modelo de vida
La ausencia de hijos a los 36 años se convierte en otro foco. Algunos ven ahí coherencia: «alguien que vive como un eterno adolescente no tiene nada que ofrecer a un niño». Se le reprocha una supuesta inmadurez que encarna el síndrome de Peter Pan, mientras otros sostienen que, precisamente, ha sabido adaptarse a una sociedad que ya no exige el ciclo tradicional de trabajo-familia-jubilación. «Ha pasado el 80% de su vida metido en videojuegos, pasándolo de puta madre, y encima se ha forrado», resume una de las posturas más favorables.
El dato que descoloca: a 36 años, su etapa dorada como creador de contenido parece tener fecha de caducidad. Quienes lo critican y quienes lo defienden coinciden en que el reloj corre más rápido para los que viven del espectáculo digital. Lo que no está claro es si, cuando se retire, habrá construido algo más que una cuenta corriente abultada.