Romantasy: el género que arrasa entre ellas y fracasa entre ellos
El romantasy ha vuelto a demostrar en la Feria del Libro de Madrid que es el motor comercial del sector juvenil. Pero también ha evidenciado una brecha incómoda: el 95% de sus lectoras son mujeres, y los chicos de 11 a 16 años, sencillamente, pasan. La pregunta no es si el género funciona –funciona, y mucho– sino por qué no engancha a la otra mitad del público.
¿Por qué los chicos no leen romantasy?
Las librerías especializadas consultadas por EFE –Liberespacio, Peripecias, Serendidias, Vualá, El Dragón Lector y La Imprenta– constatan que los adolescentes varones buscan otras propuestas: ciencia ficción épica, manga, ensayo. El romantasy, con su combinación de romance y magia, se percibe como un género pensado para lectoras, y la etiqueta social pesa. Una curiosidad del sector: se compra mucho y se termina poco, y en las redes circulan memes sobre la página 50 como frontera simbólica.
Un género con etiquetas que lo dicen todo
Detrás del fenómeno hay un universo de subgéneros que pocos padres conocen: Reverse Harem, donde la protagonista acumula múltiples pretendientes; Why Choose, sin obligación de elegir; Omegaverse, con una jerarquía de alfas, betas y omegas de trasfondo casi zoológico. Son etiquetas que definen un producto literario altamente estandarizado. Parte del análisis crítico sostiene que esta fórmula explica tanto su éxito masivo como su rechazo entre los lectores que buscan tramas menos previsibles.
De Corín Tellado a Marcial Lafuente: la grieta no es nueva
La división por sexos en la lectura popular tiene precedentes. Hace medio siglo, Corín Tellado alimentaba el sueño romántico femenino mientras Marcial Lafuente Estefanía cubría el nicho del oeste para los hombres. El romantasy no sería más que el último episodio de una segmentación histórica del mercado. Lo que ha cambiado es la escala: el fenómeno actual vende millones de ejemplares y domina las mesas de novedades, pero sigue sin cruzar la frontera del género.
Mientras la industria siga produciendo romantasy en serie y los chicos se refugien en otras pantallas y otros géneros, la grieta seguirá ahí. No se cerrará sola, ni con marketing. Probablemente se necesite algo más que un nuevo subgénero para que los chicos vuelvan a mirar los expositores.