El clon chino del Range Rover conquista a los británicos con un 33% menos de precio
Mientras Jaguar Land Rover se desangra en fiabilidad y precios, un SUV chino que calca el diseño del Evoque está arrasando en Reino Unido. Fabricado por Chery, socio de la propia JLR, cuesta un tercio menos, ofrece financiación al 0% y una garantía de siete años. En plena crisis del coste de la vida, los compradores británicos han abrazado lo que ya apodan el 'Range Rover de Temu'. Las matriculaciones se disparan y la industria británica asiste atónita a su propio funeral.
¿Por qué un imitador chino lidera las ventas?
El modelo, vendido bajo las submarcas Omoda o Jaecoo, copia descaradamente la estética del Range Rover Evoque. Pero su argumento de venta no es el parecido, sino el precio: arranca en unas 30.000 libras frente a las 45.000 del Evoque original. A eso se suma una oferta de financiación al 0% y la garantía más larga del segmento, siete años. En un contexto donde el coste de la vida encarece hasta la gasolina, la ecuación es sencilla: más equipamiento por menos dinero.
El golpe de efecto es mayor porque Chery es el socio chino de la propia Jaguar Land Rover. Es decir, la misma compañía que suministra tecnología a JLR compite ahora directamente contra ella con un producto más barato y, según los primeros análisis, no necesariamente peor. La paradoja es completa: el fabricante británico (hoy propiedad de Tata, grupo indio) ve cómo su imitador, fabricado por su propio proveedor, le come la tostada en su mercado doméstico.
Fiabilidad: la gran incógnita
Los detractores señalan la calidad a largo plazo. Los Range Rover clásicos (anteriores a la era Tata) se consideraban fiables; los actuales acumulan quejas en foros de afectados, con revisiones de más de 1.000 euros y motores que fallan por defectos de diseño. Pero los modelos chinos no tienen mejor reputación. Hay quien recuerda que los Tesla con cinco o seis años parecen viejos y podridos, y extienden la sospecha a cualquier fabricante chino: en cinco años, una lavadora con ruedas.
Sin embargo, la garantía de siete años cubre muchos miedos. Y el valor de reventa, aunque incierto, puede ser menos relevante si el coche se compra con financiación barata y se amortiza antes de venderlo. El verdadero talón de Aquiles es el servicio posventa: una red de talleres aún escasa, plazos de recambios largos y el riesgo de que la marca desaparezca del mercado europeo. Si Chery resuelve eso, el apodo de Temu se convertirá en un estigma menor.
El proteccionismo europeo como única salida
Mientras el SUV chino gana cuota, surgen voces que predicen una reacción de Bruselas: prohibir o arancelar los coches chinos para salvar la industria local, como ya se ha hecho con los aranceles a los vehículos eléctricos. La Unión Europea, en esta lectura, estaría dispuesta a condenar a los ciudadanos a coches europeos más caros y peores con tal de proteger a sus fabricantes. El argumento del dumping se repite, pero sin datos concretos en el debate sobre si los precios chinos son artificialmente bajos o simplemente reflejan costes de producción menores.
Lo que es seguro es que el fenómeno no es flor de un día. En 2026, Toyota Australia reabrió los pedidos del Land Cruiser 70 Series con motor diésel para cumplir la normativa Euro 6d, demostrando que hay mercado para todoterrenos robustos y duraderos. Pero esos coches no llegan a Europa. Mientras tanto, los británicos se decantan por el clon chino. Y la industria automovilística del Reino Unido, que ya perdió la producción en masa, asiste a la última burla: su propio socio chino le vende su propio producto a mitad de precio.