La ley de nietos, el voto exterior y el temor a un golpe electoral
La sola mención de la llamada 'ley de nietos' ha resucitado un temor que circula con fuerza: un golpe de estado electoral. Según esa lectura, la norma no repararía vínculos históricos, sino que metería cuatro millones de votos en el censo de países como Cuba y Venezuela, donde no hay garantías democráticas, y los repartiría en circunscripciones donde el PSOE pierde para diluir escaños opositores.
La cifra no es menor. En el mismo análisis se sostiene que las sacas pueden llenarse sin votantes y que el voto exterior se mezclaría con el presencial sin forma de distinguirlo. La pregunta es si eso es fraude o la toma del Estado por otra vía.
Las cuentas del domingo
Hay quien ha calculado el próximo escenario: la derecha sacaría entre 180 y 190 diputados, pero un recuento alternativo la deja en 174. Esa diferencia es la que los críticos atribuyen a la manipulación del voto exterior. No impediría una mayoría, pero sí vaciaría la oposición del margen necesario para gobernar.
Instituciones en silencio
Lo que más enfada es la pasividad de los poderes públicos. Ni el Supremo, ni el Rey, ni las Fuerzas Armadas, ni la oposición mueven ficha. La conclusión de esa corriente es que el golpe no necesita tanques: basta con desmantelar el Estado desde dentro.
Por ahora no hay sentencia ni investigación. Pero que baste la mención del voto exterior para encender estas alarmas dice más de la confianza institucional que cualquier comunicado oficial.