Invierno problemático: la calefacción de emergencia ya no es cosa de raros
El próximo invierno puede ser problemático. Los precios de los combustibles están altos y las calderas de gasoil y gas lo van a sufrir. A eso se suma el riesgo de cortes eléctricos. La pregunta no es si hará frío, sino con qué se calienta uno cuando la calefacción central no responde.
La ecuación del frío: gas caro y apagones
La memoria del apagón del año pasado sigue ahí. Nadie se lo esperaba, salvo los que llevaban tiempo avisando. Ahora la previsión se repite: precios de combustibles altos, calderas de gasoil y gas al límite y una red eléctrica que no da garantías. La solución que se repite en los análisis de preparación es comprar una estufa de butano y varias bombonas antes de que suba la demanda. El problema es el espacio: en un piso de ciudad, ¿dónde se guarda todo eso?
Butano, parafina y otras alternativas
Hay soluciones plegables y portátiles. Un calefactor de gas de 1,3 kW sirve como hornillo y como radiante, y funciona con cartuchos de butano. Para cocinar durante más tiempo, una cocina de dos fuegos con bombona grande se guarda en un armario. Las bombonas pequeñas de camping son más caras por proporción, pero se pueden usar con adaptadores si no se prevé un uso largo.
La parafina aparece como la opción más interesante para un escenario de emergencia. Las estufas son tres veces más pequeñas que una de butano, el combustible se almacena en bidones ligeros y es menos inflamable. Eso sí, la parafina es cara y la bombona de butano tiene menos impuestos. Hay quien ha probado todos los sistemas y concluye que, quitando el precio, la parafina humilla al butano.
El problema de la humedad y la seguridad
El butano tiene un inconveniente que pocos mencionan: genera muchísimo vapor de agua. En el norte, una estufa de butano puede convertir una habitación en un lago. En Madrid la humedad no es problema —en verano ronda el 17% y en invierno no pasa del 40%—, pero en zonas húmedas hay que ventilar a diario. La seguridad es otro asunto: el monóxido de carbono no perdona. Los detectores de CO, CO2 y gas con alarma sonora son fundamentales.
Eléctrico: baterías y generadores solares
Para los apagones, la solución más simple es un generador solar: una batería con conversores integrados, plug&play, que se recarga con paneles o con la red. La capacidad mínima para mantener congelados, nevera e iluminación durante cinco o seis horas no debería bajar de 2.000 Wh. En zonas donde los cortes de luz son habituales, se ha llegado a acabar de cocinar con el coche arrancado y un inversor de 2 kW conectado a la casa. El aislamiento a fondo y una chimenea son el plan B definitivo.
El calor, no el frío
No todo el mundo ve el invierno como el enemigo. Hay quien sostiene que el verdadero problema es el calor, no el frío. En Barcelona el invierno apenas dura una semana: con sudadera, mantita y edredón se tira millas. Otros prefieren el frío al «calor inmundo sahariano». La discusión queda abierta.
Con todo, no hay consenso. Hay quien sostiene que el invierno pasado ya fue problemático y este no será distinto; otros creen que el verdadero problema es el calor. Lo único seguro es que la factura no va a bajar. Y cuando llegue el primer corte de luz, los que hayan comprado la estufa en rebajas serán los únicos que no estén discutiendo en internet.