El 75% ya es propietario: la tesis que abre el debate
Como lo oyes: la crisis de la vivienda «es un invento», sostiene un participante del debate. Según su mensaje, en España alrededor del
75% de los hogares vive en una vivienda en propiedad, de modo que para esa mayoría un precio al alza no sería una tragedia social sino una revalorización de su patrimonio. La discusión arranca con esa frase incómoda. Y la respuesta llega, cómo no, con números.
El 75% ya está dentro: quién sufre de verdad el precio
Según esa misma intervención, el sobreesfuerzo real se concentra en un rincón del mercado. Solo en torno al
4,3% de los propietarios con hipoteca dedica más del 40% de su renta a la vivienda. Entre los inquilinos, ese porcentaje
supera el 28%. Si el alquiler concentra a cerca de una cuarta parte de la población, la cuenta que hace ese forero es simple: el drama apretaría a
aproximadamente un 7% del total.
- Propietarios con hipoteca en sobreesfuerzo: 4,3%
- Inquilinos en sobreesfuerzo: más del 28%
- Población total afectada: en torno al 7%
Ahí está la famosa crisis, según esta lectura. Diminuta en porcentaje, brutal para quien la vive cada mañana.
El Estado como socio que cobra en cada traspaso
Otra intervención del debate sostiene que el IBI, la plusvalía municipal, el ITP de cada compraventa y el IRPF del alquiler convierten al Estado en socio mayoritario. Con esa estructura, cualquier gobierno que abaratara de verdad la vivienda se pegaría un tiro en su propia recaudación, añade. Por eso, según este participante, la ley del suelo sigue sin moverse. El marco no sería incompetencia sino
incentivo, bien engrasado.
La generación de 25 a 45 años, fuera del tablero
El mismo participante describe ese 75% de propiedad como una foto fija, sostenida sobre quienes ya no compran, no venden ni se mudan, mientras la cohorte de 25 a 45 años queda fuera del tablero. Sus salidas, dice, son tres y ninguna buena: emigrar con contrato precario, compartir piso hasta los 40 o esperar una herencia que puede no llegar. Sobre la inmigración, su lectura es que
acelera una tensión existente, no la causa: el que llega no compra porque no puede, y el que nació aquí tampoco.
Con estos mimbres, ¿por qué no hay protestas masivas? Es la pregunta que el debate deja abierta. Quizá porque al propietario mayoritario no le interesa que baje, apunta otra intervención. Y mantener el ladrillo
escaso, caro y rentable no sería una opinión, sino el manual, según este forero.