Ecuador suprime el impuesto a la cerveza durante el Mundial: ¿pan y circo o acierto económico?
El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, ha anunciado la supresión temporal del impuesto a la cerveza y otras bebidas de moderación desde el 11 de junio hasta el 19 de julio, coincidiendo con el Mundial de fútbol 2026. La medida, presentada durante la jornada inaugural del torneo, busca “dar un apoyo extra” a los ciudadanos en un país que se declara “futbolero”. Pero el gesto ha despertado reacciones encontradas entre quienes lo ven como un acierto de consumo y quienes lo tildan de populismo fiscal.
¿Cuánto se ahorrarán los ecuatorianos?
El anuncio de Noboa elimina el “índice” (impuesto) a las bebidas de moderación, categoría que incluye la cerveza. Aunque no se ha especificado el porcentaje exacto del gravamen, los precedentes en Ecuador sitúan el ICE (Impuesto a los Consumos Especiales) en la cerveza en torno al 20-30% del precio final. Con el Mundial como telón de fondo, la rebaja podría significar un ahorro de varios dólares por cada six-pack, un alivio para los bolsillos en un país donde el salario mínimo ronda los 460 dólares mensuales.
Populismo o estrategia comercial: el debate
Las opiniones se dividen. Por un lado, hay quien defiende la medida como un estímulo al consumo y al ocio en una época de celebración nacional. El argumento: si el fútbol une, la cerveza barata ayuda a la convivencia y al pequeño comercio. Por otro, las críticas no se han hecho esperar. Algunos analistas la califican de “pan y circo” en un contexto de crisis económica y desigualdad. “Va a ser un genocidio”, ironiza una corriente que ve en la medida una excusa para emborracharse, mientras otros la tachan de “tercermundista”. También hay quien reclama medidas similares en Europa, donde el precio de la cerveza en bares puede superar los 6 euros por tercio.
El precedente de otras exenciones fiscales en eventos deportivos
No es la primera vez que un gobierno vincula impuestos y grandes eventos. Países como Brasil o Sudáfrica aplicaron rebajas temporales en el IVA o en tasas a bebidas durante los Mundiales que albergaron. El objetivo: impulsar el consumo y la imagen turística. Sin embargo, los resultados económicos de esas medidas son discutidos. En Ecuador, la decisión de Noboa llega en un momento delicado, con la economía lastrada por la inseguridad y la inflación. Que la fiesta dure solo 39 días es, para algunos, la prueba de que se trata de un gesto electoralista antes que de una política fiscal coherente.
Lo que viene después del pitido final
Con el impuesto restablecido el 20 de julio, la pregunta es si el consumo de cerveza repuntará lo suficiente para compensar la pérdida de ingresos fiscales. Las cuentas del Estado ecuatoriano no están para muchas alegrías, y cualquier agujero en la recaudación tendrá que taparse con otros ajustes. El Mundial pasará, pero la factura se quedará. O, como se dice en los mentideros económicos, pan y circo de corta duración: la fiesta la pagan todos, con intereses.
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