El policía de Hondarribia que disparó y pide la baja
Un agente de la Guardia Municipal de Hondarribia (Gipuzkoa) disparó su arma reglamentaria la noche del lunes contra un hombre de 46 años, de nacionalidad senegalesa, al que la versión oficial de la Ertzaintza sitúa amenazando con un cuchillo a varias personas en un establecimiento hostelero y, después, intentando herir a una agente. El hombre,
Babacar Welle, falleció tras los disparos pese a las maniobras de reanimación de los servicios sanitarios. Al día siguiente, el sindicato Euspel confirmaba que el agente está de baja y no acude a trabajar, una medida
protocolaria cuando se registra un incidente armado, más aún con resultado de muerte. La frase con la que el secretario general del sindicato, Julio González, resumía la situación —«no estamos preparados para quitar la vida a nadie»— ha acabado definiendo un caso que desborda los segundos que duró la intervención.
Qué dice la versión oficial del suceso en Hondarribia
Según el relato del Departamento de Seguridad, todo arrancó cuando el hombre amenazó con un arma blanca a varias personas en un establecimiento hostelero. Acudieron varias dotaciones de la Policía Local y de la Ertzaintza, que intentaron que depusiera su actitud sin conseguirlo. El hombre
habría intentado herir en varias ocasiones a una agente de la Ertzaintza y fue entonces cuando el municipal usó su arma reglamentaria para repeler la agresión. La Ertzaintza ha asumido la investigación conforme al protocolo, y el Departamento de Seguridad difundió que el fallecido acumulaba
doce detenciones previas y diez investigaciones anteriores. El atestado incorpora ya declaraciones de numerosos testigos y varias grabaciones previas al tiroteo en las que, según Euspel, se ve al fallecido exhibiendo un cuchillo.
Otros seis policías participaron en el operativo. Prestaron declaración como testigos y permanecieron hasta
la una de la madrugada aportando su testimonio. La plantilla de la Guardia Municipal de Hondarribia es, según el sindicato, mayoritariamente joven. El agente, por su parte, sostiene ante su organización que disparó porque
vio en grave riesgo la vida de la compañera de la Ertzaintza.
¿Se puede exigir a un policía local que esté preparado para matar?
La pregunta recorre el caso desde el primer día. Una corriente de opinión sostiene que quien porta un arma reglamentaria y cobra por ello asume ese escenario como parte del oficio: si no se está dispuesto a usar la fuerza letal, viene a decir, sobra la placa. Es la línea que defiende el propio sindicato al respaldar «totalmente y
sin fisuras» al compañero mientras comparte la reflexión del alcalde de Hondarribia sobre el fracaso previo de las instituciones: «Han fallado un montón de instituciones antes de llegar aquí».
En contra pesa otro argumento, más incómodo: la preparación emocional no se improvisa. Exigirle a un funcionario acostumbrado al tráfico, a las multas y a la convivencia la frialdad de un tirador profesional es pedirle lo que el sistema no le ha dado. De fondo asoma una discusión vieja sobre la naturaleza del trabajo policial: hay quien ve en la policía local un destino de oficina con pluses y horarios amables, y quien recuerda que cualquier agente puede acabar delante de una situación extrema sin haberla visto nunca antes.
La baja, el apoyo psicológico y el coste del trauma
El agente recibe asesoría jurídica y apoyo emocional del sindicato, y se encuentra, según su entorno, en un proceso de asimilación de lo ocurrido. Los otros seis policías del operativo también han quedado tocados, siempre según la misma fuente. La baja no es, en teoría, un privilegio: es el protocolo cuando hay un incidente armado con resultado de muerte, y el sindicato insiste en que no presupone ni culpabilidad ni inocencia.
Aun así, la lectura de la baja como un
premio circula con fuerza. Hay quien sostiene que la administración acaba pagando un sueldo vitalicio a quien no vuelve al servicio, y se compara la situación con la de un trabajador cualquiera que no puede permitirse parar. En el lado opuesto, el sindicato responde que lo que toca es cuidar la
salud mental del agente y del resto de la plantilla. En ese punto se repite una cifra que un participante lanza con enlace a prensa económica: la Ertzaintza aparecería como el cuerpo con mayor porcentaje de bajas de España.
Qué pide Euspel: formación continua y menos arma de fuego
El sindicato reclama al Ayuntamiento que refuerce la formación continua de los agentes y dote a la Policía Local de otros medios para afrontar situaciones de extrema gravedad sin recurrir necesariamente al arma de fuego. Entre las alternativas menciona sistemas de control distintos a los dispositivos eléctricos conocidos como
pistolas táser, aunque su propio secretario general duda de que su uso hubiera evitado el desenlace. Corresponde al alcalde, como responsable de la Policía Municipal, garantizar esos recursos, según Euspel.
La investigación sigue abierta y el atestado, con testigos, grabaciones y análisis periciales, irá al juzgado. Nadie ha cerrado todavía la pregunta de fondo: si un policía local puede o debe estar preparado para matar y quién asume el coste cuando la respuesta llega tarde. Justo ahí se atasca todo.