Dicen que al nacer mueres mientras por el camino te derrites. Pregunto ante la falta de preocupación general. Os veo caminar por el erial con una calma pasmosa, ajenos a vuestro propio desastre ontológico. Pero os daré la respuesta axiomática: es la verdad más pura y gélida de este vertedero biológico. Nacemos con la fecha de caducidad impresa en la carne y pasamos el trayecto licuándonos en la entropía del tiempo. Lo verdaderamente terrorífico no es la demolición celular, sino contemplar cómo camináis hacia el matadero sin el más mínimo atisbo de angustia, preocupados únicamente por el SUV eléctrico o el horario del Mercadona.
También dicen que, para sostener este castigo, debes alimentarte diariamente, hacer tus necesidades; que estás obligado a rastrear tú mismo los recursos en mitad de feroces eriales de asfalto y cemento bajo la amenaza del hambre.
Sí, es trágicamente cierto. La «aventura de vivir» no es más que el peaje de mantener en marcha una vulgar máquina orgánica. El ser humano es el único prisionero obligado a financiar los costes de su propia celda de hormigón. Todo este engranaje de fluidos, digestiones y servidumbre laboral es una tiranía evitable que se celebra como si fuera un milagro cósmico. Nos derretimos cada día en el asfalto y sonreímos para la foto del sábado en el puerto.
También dicen que, para sostener este castigo, debes alimentarte diariamente, hacer tus necesidades; que estás obligado a rastrear tú mismo los recursos en mitad de feroces eriales de asfalto y cemento bajo la amenaza del hambre.
Sí, es trágicamente cierto. La «aventura de vivir» no es más que el peaje de mantener en marcha una vulgar máquina orgánica. El ser humano es el único prisionero obligado a financiar los costes de su propia celda de hormigón. Todo este engranaje de fluidos, digestiones y servidumbre laboral es una tiranía evitable que se celebra como si fuera un milagro cósmico. Nos derretimos cada día en el asfalto y sonreímos para la foto del sábado en el puerto.
