El artículo que reabre el pulso por Ceuta y Melilla
El 19 de septiembre de 2026, El País publicó un texto de opinión del escritor Tahar Ben Jelloun en el que defendía que «llegar a un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos sería un gesto histórico y realista», y añadía que «no es normal que la frontera europea esté en territorio africano». El artículo, fechado a las 05:30 CEST, desató una cascada de reacciones. El eje del enfado no fue tanto la propuesta como el verbo: para buena parte de quienes respondieron, devolver implica una posesión previa que, sostienen, nunca existió. España controla Ceuta desde el siglo XV —antes, Portugal— y Melilla desde finales de esa misma centuria.
Qué significa exactamente devolver Ceuta y Melilla
La discusión derivó rápido hacia la semántica. Una corriente muy repetida insiste en que devolver exige un dueño anterior, y que en este caso no lo hay: Ceuta pasó de Portugal a la Corona española y Melilla es española desde antes de que existiera un Estado marroquí moderno. La formulación más citada resume esa postura: no se puede devolver lo que nunca fue tuyo; en todo caso sería ceder o entregar.
La otra lectura no niega el matiz lingüístico, pero lo considera secundario. Quien defiende el texto argumenta que la reclamación marroquí se apoya en la continuidad geográfica y en la cercanía territorial, no en un título de propiedad histórico. El choque, por tanto, no es solo de palabras: es sobre qué principio pesa más, la geografía o el registro legal y administrativo de varios siglos.
Turquía, Gibraltar y Menorca: el argumento geográfico se vuelve en contra
Si la frontera debe coincidir con el continente, el contraejemplo aparece solo. Turquía mantiene territorio en Europa —la Tracia Oriental, en torno al 3% de su superficie, unos 23.764 km²— desde 1453, y nadie plantea que lo ceda a Grecia. Ese dato, repetido con distintas variantes, sirve para impugnar la tesis del artículo sin necesidad de entrar en historia medieval.
Aparecen más comparaciones. Gibraltar, frontera de la Unión Europea con un país que no pertenece al club, y Menorca, bajo control británico durante casi un siglo, funcionan como espejos incómodos. Y hay quien retrocede más: Ceuta, antes de ser española, fue portuguesa, así que cualquier «devolución» tendría un destinatario discutible.
El negocio editorial: 50.000 ejemplares y 400.000 suscriptores
El asunto saltó del terreno territorial al económico. Circuló un cálculo que compara la tirada del diario con su base de lectores: unos 50.000 ejemplares diarios y 400.000 suscriptores en un país de 47 millones de habitantes. La conclusión que se extrae es que el negocio no depende del quiosco, sino de la publicidad institucional y de las ayudas públicas.
De ahí nace la propuesta más repetida en clave económica: suprimir toda subvención, patrocinio de actos y publicidad institucional a los grandes grupos editoriales. Es una demanda antigua que este episodio ha reactivado. No hay cifras oficiales que respalden esos volúmenes en el material disponible, pero la discusión sobre la dependencia de fondos públicos ya estaba instalada antes del artículo.
El punto donde el análisis se atasca
Nadie discute que Ceuta y Melilla son plazas de soberanía con un coste de mantenimiento y una posición estratégica relevantes. Lo que no cierra es el marco: si el criterio es la geografía, media Europa tendría que reordenar fronteras; si es el registro histórico, la reclamación queda sin base. Con esos dos principios sobre la mesa, el debate se queda exactamente donde empezó: en el significado de una palabra.