El documental sobre la India que reavivó los estereotipos más crudos
Hace más de un año, un documental comenzó a circular en ciertos círculos de internet. No era un reportaje institucional ni una pieza de denuncia social al uso: mostraba escenas de pobreza extrema, hacinamiento y comportamientos que muchos espectadores calificaron de "inhumanos". La reacción no se hizo esperar. En foros y redes sociales, una parte de la audiencia descargó su indignación con argumentos que rozaban la deshumanización: comparaciones con insectos, acusaciones de depravación moral y llamadas a cerrar fronteras.
Pero ¿qué hay de cierto en todo esto? India es un país de 1.400 millones de habitantes, con una densidad de población que asfixia las infraestructuras, un sistema de castas que aún lastra la movilidad social y una ratio de pobreza que, aunque ha caído, sigue siendo masiva. La religión hindú, con su ciclo de reencarnaciones, puede influir en la percepción de la muerte y el sufrimiento, pero explicar una realidad compleja con un solo factor es reduccionista. El documental, del que se desconoce el autor y la intención original, se convirtió en un arma arrojadiza más que en un instrumento de comprensión.
Lo que el debate reveló fue menos sobre India y más sobre quiénes miran. El dato de que, al nacer, un 17% de probabilidades te situaban en ese país —mencionado por uno de los participantes— fue utilizado como un argumento de superioridad estadística. Pero los números no tienen moral. La verdadera cuestión es si un documental puede servir para abrir los ojos o para consolidar prejuicios. En este caso, hizo ambas cosas.