La reforma a 10 euros la hora que nadie declara
¿Cuánto cuesta al final una reforma en zain? La pregunta tiene respuesta visual cada mañana a las puertas de los almacenes de bricolaje como Obramat: colas de trabajadores migrantes esperando a que un contratista improvisado los reclute para un jornal en metálico. No es una estampa novedosa —Plaza Elíptica la registra desde hace más de veinte años— pero su extensión a polígonos comerciales de media España la ha convertido en un termómetro de la economía sumergida.
Diez euros la hora, sin contrato y sin preguntas
Los números del mercado en B son demoledores. Una reforma de baño presupuestada en 2.000 euros de mano de obra se salda por 600 en efectivo: 10 euros la hora, tres días de faena y cero seguridad social. Quien ha probado la fórmula cuenta que los acabados pueden ser mejorables y que conviene no despegarse de los jornaleros. El ahorro, en cualquier caso, no admite discusión. La estampa remite al Home Depot estadounidense, y quien no quiera ir tan lejos puede verla en Ikea.
La otra cara: explotación y bajas falsificadas
Las inspecciones, cuando actúan, destapan el límite de este sistema. Las informaciones publicadas por Crónica Global y Público Castilla-La Mancha recogen el caso de un empresario detenido por pagar 40 euros semanales a su camarero y cobrar ayudas en su nombre con una baja falsificada. Del tópico que asegura que las paguitas resuelven la vida de estos trabajadores no queda nada: si hubiera 2.000 euros mensuales a cambio de nada, no habría colas al amanecer.
El pulso entre la economía en B y el relato oficial sigue ahí. Mientras los discursos se cruzan, en las puertas de los almacenes el mercado se regula solo: sin formularios, sin contratos y con la luz del alba.