El objetivo ruso: gas, grano y la frontera europea como arma
¿Puede un país volar su propio gasoducto para culpar al adversario? La tesis que recorre el análisis más compartido responde que sí, y sostiene que Moscú lo ha repetido durante un siglo:
provocar el daño y señalar al enemigo para quedar siempre del lado de la víctima. Los precedentes que se citan son el asesinato del almirante Carrero Blanco y el de John F. Kennedy, que en esta lectura serían obra de quien después lanzaba las acusaciones. Conviene subrayarlo desde la primera línea: no hay autoría oficial confirmada del sabotaje del Nord Stream, y lo que sigue son hipótesis que sus defensores consideran coherentes con el historial soviético.
Nord Stream 2 y la apuesta por la dependencia europea
El argumento de fondo es económico. Rusia necesita tensionar la frontera con Europa, pero no puede permitirse perder al cliente europeo ni la
entrada de divisas que este garantiza. Ese equilibrio imposible explica por qué sus gasoductos cruzan precisamente los territorios que Moscú quiere recolocar en su órbita: antiguas repúblicas soviéticas, con Ucrania como el caso más citado. Ucrania, se sostiene, pasó de aspirar a integrarse en la Unión Europea a convertirse en un país en guerra y en un desastre económico.
La construcción del Nord Stream 2 se lee como la infraestructura que habría permitido por fin saltarse a esos países intermediarios. Y se le asocia una cronología paralela: la contratación de ejércitos de comentaristas para inundar internet con un relato afín, las acusaciones de injerencia sobre funcionarios y partidos europeos y el supuesto respaldo a formaciones de signo diverso en varios países del continente. Todo ello, se insiste, sin pruebas públicas que lo respalden.
Del gas al grano: la materia prima como palanca
La tesis se extiende a otros recursos. Se recuerda que Putin escribió de estudiante sobre las materias primas y que ahora las emplea como herramienta de presión. El caso menos visible fue el
grano ucraniano retenido en los puertos: el problema solo se reconoció cuando varios países aliados del llamado Tercer Mundo se quejaron del desabastecimiento. Y aparece el silicio, pieza clave de las placas solares, como una dependencia futura que ataría a Europa a China y Rusia justo cuando apuesta por la energía solar. La Unión saltaría de un proveedor de gas a un proveedor de paneles.
La réplica: dos bloques y los mismos peones
No hay unanimidad, ni mucho menos. La objeción más repetida es que ni Rusia ni Occidente juegan limpio.
Ambas potencias miran por su interés geoestratégico y sacrifican a sus peones cuando toca. En un mundo globalizado, se argumenta, a Estados Unidos, Rusia y China les conviene competir contra una Unión Europea dividida en 27 Estados antes que contra un bloque unificado. Bajo ese prisma, el gas y el grano son piezas de un tablero mayor y Ucrania, el terreno donde se libra. Hay quien añade que Moscú sigue siendo una gran potencia se quiera admitir o no, con arsenal nuclear y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
¿A quién beneficiaba volar el gasoducto?
Aquí el análisis se enreda y nadie firma una conclusión. Un participante sostiene que el gasoducto ya estaba bloqueado y que no aportaba beneficio destruirlo, sobre todo por el coste político con sus clientes europeos, mientras otro responde que un gasoducto parado pero intacto era una palanca muerta y que solo destruyéndolo se cerraba definitivamente la vía alemana. La coincidencia, en cambio, es que nadie espera ya que se aclare.
Qué dice cada bloque sobre el grano y el este del Dniéper
Entre las tesis sobre el objetivo militar concreto circula una bastante terrenal: el interés ruso se concentraría en el este del
Dniéper, donde están los yacimientos de gas y petróleo y enormes extensiones de tierra de cultivo. No sería tanto una cuestión de ideología como de recursos: controlar la despensa y la energía del vecino. La lectura encaja con el episodio del cereal, donde el bloqueo de los puertos ucranianos tensionó de paso a varios países del Tercer Mundo.
Con estas piezas sobre la mesa, lo único claro es que el gasoducto que nadie quería reconocer como roto sigue roto sin que a nadie le urja aclararlo. Si el objetivo era dividir Europa, los sospechosos se están disputando el mérito.