El Mac Pro de 6.000 dólares que llega sin pantalla y con 256 GB
Apple presentó una torre profesional que arranca en 6.000 dólares y no incluye monitor. La pantalla, un panel 6K, se vende aparte por 4.000 dólares. El equipo base monta una tarjeta gráfica RX 580 «pro» y un SSD de 256 GB. La carcasa, con una rejilla de agujeros circulares, se ganó el apodo de
rallador de queso antes de que terminara la presentación.
El precio no es el único problema. La configuración de entrada se queda corta para el uso al que dice apuntar. Una GPU que no mueve 4K con fluidez y un almacenamiento que un profesional llena en tres días dibujan un producto que empuja a subir de escalón. Y cada escalón se paga a precio de oro.
¿Por qué se compara el Mac Pro con un rallador de queso?
El diseño frontal, con cientos de perforaciones, recordó a un utensilio de cocina. Las bromas circularon más rápido que las especificaciones. La carcasa se convirtió en el símbolo del lanzamiento: un objeto caro, raro y difícil de justificar. La comparación con la papelera cilíndrica del modelo anterior apareció enseguida. Aquel también fue un fracaso comercial, y el nuevo formato no despejó las dudas.
La estética no es un detalle menor en un segmento donde el comprador presume de equipo. Pero el problema real está dentro. La torre no incluye puertos USB de serie en la configuración básica, según las primeras impresiones. Para conectar auriculares o periféricos hay que pasar por adaptadores. El soporte de la pantalla y el adaptador VESA se venden por separado, con sobreprecio.
Precio del Mac Pro frente a un PC montado a medida
El argumento más repetido es el del coste. Un profesional puede montar un equipo con monitor 4K de 42 pulgadas, tarjeta gráfica de 12 GB, procesador de última generación, 64 GB de memoria y varios discos por menos de 2.000 euros. La comparación duele. La torre de Apple, sin pantalla, arranca en 6.000 dólares.
Hay quien defiende que no son productos equivalentes. Las estaciones de trabajo de HP compiten en otra liga, con precios que superan los 10.000 dólares en configuraciones altas. El Mac Pro no es un ordenador doméstico. Es una herramienta para estudios de cine, postproducción y edición musical. En ese contexto, una empresa que paga 100.000 euros al año a un trabajador no debería escatimar en su equipo.
El contraargumento es igual de sólido. Alquilar una granja de render o maquinones en la nube sale más barato que comprar hardware que se deprecia. Y la mayoría de los encargos no justifican una inversión de ese calibre.
El problema de la ampliación y las tarjetas gráficas propietarias
La ampliación futura es la gran promesa de una torre profesional. Aquí se complica. Las tarjetas gráficas necesitan una especificación exclusiva para Mac. No vale cualquier modelo del mercado. Eso limita la actualización y dispara el precio de cada componente. Una tarjeta de 500 euros puede acabar costando 1.500 en su versión compatible.
El SSD de 256 GB agrava el problema. Un profesional llena ese espacio en tres días. Apple no ofrece un salto intermedio razonable: obliga a pagar el siguiente escalón. La táctica se repite en los teléfonos, donde desaparecen las capacidades intermedias para empujar al comprador hacia arriba.
Intel, AMD y la paradoja de la seguridad
La elección de procesador también genera dudas. Apple mantiene Intel pese a que AMD lidera la cuota de mercado en Alemania con un 76% y vende más procesadores que Intel en Europa. Amazon y Microsoft compran AMD EPYC en masa para sus servidores. La seguridad de los parches de Intel pesa en la decisión de muchos compradores.
Hay quien sostiene que Apple tiene acuerdos comerciales con Intel y que optimizar el código para AMD sería una tarea titánica. Otros recuerdan que hay programas de edición que no soportan gráficas AMD y exigen Nvidia. Apple montó una RX 580. La contradicción es difícil de explicar.
El lanzamiento deja una pregunta sin respuesta. Si el comprador profesional es tan exigente como dice Apple, ¿por qué la configuración base parece diseñada para que nadie la compre?