El Niño pone a prueba quién paga los destrozos
¿Cuánto cuesta un capricho de El Niño? Depende de quién lo pague y de cómo se cuente. El último episodio del fenómeno climático ha dejado un destrozo en un supermercado y una discusión que vuelve a colocar la factura sobre la mesa de todos.
Mientras los meteorólogos hablan de intensidad, la conversación se desvía hacia la culpa. Un sector apunta a la conducta individual y a la impunidad estructural; otro considera que esos términos son una cortina de humo. Lo único admitido es que el coste de reponer el desastre acabará saliendo de los impuestos.
La metáfora del país que se paga solo
La imagen de un local dañado se convierte en el espejo de un modelo: se rompe, se maquilla, se paga entre todos y el responsable continúa campando. Esta lectura, recurrente en el análisis económico, traslada la cuestión desde la meteorología a la equidad fiscal.
La próxima vez que El Niño se ponga rebelde, convendría repasar las cifras reales del gasto en reposición. Mientras tanto, la única certeza es que la factura llegará. Como siempre, con retraso.