Rentismo inmobiliario: quién gana y quién paga con la vivienda
Hay una fecha que, según un participante, explica mejor que cualquier discurso el negocio de la vivienda en España:
1985. Aquel año, según su relato, el Gobierno de Felipe González acabó con la
ley de renta antigua y con los alquileres congelados de por vida. Cuatro décadas después, sostiene, una generación entera se ha quedado fuera. Otro usuario resume la paradoja: la
sobrevaloración inmobiliaria arruina a quien todavía no ha comprado, pero una parte muy amplia de la población —propietarios, herederos, caseros— espera sacar tajada de ella.
La abstención del PSOE que denuncia un participante
El detonante del malestar es, según un participante, una votación concreta: la que pretendía impedir que los fondos buitre siguieran comprando vivienda con fines puramente especulativos, y en la que, según su versión, el PSOE optó por abstenerse. El diagnóstico que circula es tajante: el problema no es una cuestión de partidos, sino de
soberanía nacional y de supervivencia social. Mientras el futuro de los jóvenes y de las familias trabajadoras se rompe contra la imposibilidad de acceder a un hogar, la clase política juega al
trilerismo.
Por qué nadie se atreve a pinchar la burbuja
El obstáculo no es técnico, es electoral, según un participante.
Una parte muy amplia de la población tiene expectativas de beneficiarse de la sobrevaloración: quien ya es propietario ve crecer su patrimonio, quien espera heredar calcula con la revalorización y quien alquila un piso cobra la renta. Pinchar la burbuja, añade, sería arruinar a esa mayoría. El equilibrio, por tanto, es perverso: la sobrevaloración destruye el acceso a la vivienda y, a la vez, sostiene la expectativa de miles de hogares. Nadie dimite de su expectativa.
Migrantes, turismo y la demanda que no se quiere debatir
Hay quien sostiene que ir contra el modelo especulativo es ir también contra el turismo masivo y contra la llegada de población extranjera, y que de eso apenas se habla. En el recuento que se baraja aparecen
500.000 personas migrantes al año, una cifra que algunos elevan sin reparos. En el debate se apunta a esa presión demográfica como parte del problema; que sea la causa única del desplome del acceso, otro cantar.
Del pago de la hipoteca a la pareja que ya no existe
Una derivada inesperada: un participante sostiene que, si la vivienda se pagaba de dos en dos a lo largo de treinta años, la
fragmentación de la pareja estable juega a favor del rentista. Hogares más frágiles, hipotecas más difíciles, más demanda de alquiler y precios al alza, según su análisis. Se argumenta que la imposibilidad de encontrar pareja rompe el sueño del hogar tanto como el precio. Tesis atrevida, discusión vieja, percha cómoda para no hablar del suelo.
Si el negocio de la vivienda enriquece a unos y expulsa a otros, y el sistema político, según un participante, prefiere abstenerse antes que legislar, ¿cuántas generaciones habrá que quemar para que deje de ser un negocio?