El mito del joven que lo gasta todo en caprichos: los datos de consumo dicen lo contrario
Con un salario de 1.200 euros y un alquiler que rara vez baja de 900, la pregunta de por qué un joven no compra una casa parece tener respuesta obvia. Pero el relato oficial insiste en otra: que se lo gastan todo en Netflix. Los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares dicen lo contrario: los jóvenes son el grupo que más ha recortado su gasto en la última década, mientras el consumo real de todos los grupos cae desde hace diez años.
La trampa estadística del gasto juvenil
Hay un matiz que se ignora: la encuesta clasifica los hogares por la edad del cabeza de familia, así que solo cuenta como hogar joven a quien ha podido emanciparse. El que sigue en el cuarto de sus padres a los 30 no aparece en la serie. El gasto real de la generación es aún más bajo que el del gráfico.
¿Gastan poco o ahorran poco?
Algunos replican que si gastan menos deberían ahorrar más. Pero el ahorro depende de la renta, no del esfuerzo. Los pensionistas ingresan de media más que los jóvenes trabajadores: pueden gastar más y aun así ahorrar menos. La transferencia no va por el capricho, sino por el alquiler: el 88,8% de los mayores de 65 tiene vivienda en propiedad.
Aquí va el dato que descoloca: el consumo de los jóvenes cae mientras el de los pensionistas sube. No porque unos sean más juiciosos y otros más derrochadores: es que 2008 partió el tablero. Los que ya tenían casa salieron intactos; los que llegaron después se encontraron con un mercado laboral en ruinas y una vivienda inalcanzable. Culpar al joven es la forma más cómoda de no mirar quién cobra los beneficios de un modelo que ya no funciona para todos.