El Gobierno avisa a los ucranianos: no caben en la regularización extraordinaria
El Ministerio de Migración ha comenzado a notificar a ciudadanos ucranianos que no podrán acogerse al proceso de regularización extraordinaria. El mensaje, difundido en redes, ha desatado una tormenta: acusaciones de discriminación étnica, teorías de sustitución demográfica y un bulo que el propio ministerio desmiente. Pero el malestar es real.
La notificación que incendió el debate
Un tuit de SadButTrue mostraba el texto de una comunicación oficial en el que se indicaba que los ucranianos quedaban fuera del proceso. Las reacciones no se hicieron esperar: «Solo les falta escupirles en la cara», «son demasiado blancos, solo se regulariza a no blancos», «si eres europeo y huyes de una guerra, España te cierra las puertas». La indignación se mezcla con la ironía: «el meme se ha hecho realidad», en alusión al plan Kalergi de sustitución étnica.
Las dos caras de la exclusión
Hay quien atribuye la medida a la presión del gobierno ucraniano, que no quiere que sus ciudadanos obtengan la nacionalidad española para evitar que deserten y no regresen a la guerra. «Zelenski le habrá dejado claro a España que los nacionales de su país son suyos», apunta un analista. Otros lo ven como una política deliberada de preferencia por forasteros no europeos: «La regularización solo es para jovenlandés», resume crudamente una corriente mayoritaria en el debate.
La versión oficial: es un bulo
RTVE publicó el 9 de abril de 2026 un artículo titulado «Falso: el proceso extraordinario de regularización de extranjeros no veta a ucranianos ni venezolanos». Sin embargo, el escepticismo domina: «El Estado ignora sus propias leyes, pero según para quién». La noticia del bulo no ha calmado las aguas, y muchos señalan que el simple hecho de que se considere necesario desmentirlo revela la tensión.
Geopolítica y demografía
Detrás de la exclusión se dibuja un tablero más amplio. Ucrania, tras la guerra, necesitará repoblar su territorio; sus elites no quieren una fuga masiva de ciudadanos con doble nacionalidad. Mientras, España sigue abriendo la puerta a forasteros de países que no reclaman su retorno. «Los blanquitos a la picadora de carne otánica, los pardo a repoblar Eurabia», sentencia un comentario ácido.
La regularización extraordinaria sigue su curso, pero los ucranianos se quedan fuera. O no. Depende de a quién se pregunte. Lo que nadie discute es que el mensaje, real o no, ha destapado un malestar profundo sobre quién tiene derecho a quedarse en España y por qué.
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