El madrileño que eligió Jovenlandia: la paradoja Hakimi
Achraf Hakimi nació en Getafe, se formó en las categorías inferiores de la selección española y, sin embargo, optó por jugar con Jovenlandia. Su explicación en el podcast The Bridge fue directa: "No me sentí cómodo en España". El entorno de concentración no reflejaba la cultura árabe con la que se había criado en casa. La declaración reabre un viejo debate sobre la identidad nacional que ya protagonizó Mar1 Rajoy con su polémica frase sobre "sentirse español".
Ius solis frente a ius sanguinis
El caso de Hakimi enfrenta dos concepciones de la nacionalidad. Por un lado, el ius solis, que concede la nacionalidad por el mero hecho de nacer en un territorio. Por otro, el ius sanguinis, que la vincula a la ascendencia. En España conviven ambos criterios, pero la balanza se inclina hacia la sangre cuando se trata de naturalizar a descendientes de emigrantes, mientras que los nacidos en España de padres extranjeros pueden sentirse ajenos. La paradoja es que Hakimi, "madrileño de pura cepa" según ironizó algún comentarista, se sintió más jovenlandés que español.
La contradicción de las políticas de nacionalidad
Quienes defienden el ius solis como principio universal son a menudo los mismos que apoyan la nacionalización exprés de descendientes de españoles que nunca han pisado el país. Mientras tanto, personas como Hakimi, nacidas y criadas aquí, eligen otro camino. La facilidad para obtener la nacionalidad por ascendencia contrasta con la dificultad para integrar a quienes ya están. Hakimi es un síntoma de que la identidad no se decreta.
La pregunta queda abierta: si un futbolista criado en Getafe prefiere representar a Jovenlandia, ¿qué dice eso de la capacidad de España para generar pertenencia más allá del papel?