El lonchafinismo en estado puro: regalar un reloj de 8 euros teniendo 30.000 guardados
El lonchafinismo no es una anécdota, es una forma de vida. Pero incluso dentro de la cultura del ahorro extremo, hay casos que rozan lo patológico. Un hombre con 30.000 euros ahorrados busca en internet un reloj para regalar a su novia por el aniversario. Su presupuesto: 8 euros. Ella, que está mejor económicamente, le ha regalado un viaje a París. Él planea insinuar que el reloj costó más de 60 euros.
La reacción ante el ahorro sin límites
Las respuestas no se hicieron esperar. Algunos defienden la postura: ¿acaso un reloj de 8 euros no da la hora? Si tiene 30.000 euros es precisamente por no hacer gastos superfluos. Otros lo califican de perversos: con ese patrimonio, regalar algo tan barato a quien te ha llevado a París es de una falta de generosidad alarmante. Hay quien recuerda que, además, las muyer suelen buscar el precio del regalo en internet. El debate refleja la tensión entre la prudencia financiera y la mezquindad.
Lonchafinismo invernal: la guía definitiva
El hilo no se queda en el caso del reloj. Incluye una colección de consejos para llevar el ahorro al extremo en invierno: no poner calefacción, ponerse tres pares de calcetines, ducharse sin mojarse del todo, y hasta recordar a los vecinos que hace frío para que ellos enciendan la suya. También se mencionan alternativas como el alcohol de 95 grados para entrar en calor, o visitar París en Google Maps y falsificar las fotos con Photoshop pirata. Es el manual del superviviente low-cost.
La frontera entre la prudencia y la tacañería sigue siendo difusa. Pero si tienes 30.000 euros y regalas un reloj de 8 euros, probablemente la has cruzado. El lonchafinismo, en su versión más extrema, convierte el ahorro en un fin en sí mismo, y el disfrute en un lujo innecesario. ¿Hasta dónde llegará?
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