Urgencias al límite: ocho horas de espera para que te digan que no es urgente
La sanidad pública madrileña ha tocado fondo. El pasado jueves, un hospital de Madrid registró una espera de más de ocho horas para ser atendido. El colapso no es anecdótico: se repite en centros como el Gregorio Marañón, donde un paciente pasó casi un día entero en observación. La pregunta no es si el sistema está saturado, sino por qué no se ataja.
El triaje no evita el colapso
El triaje es el mecanismo que debería priorizar los casos graves. Funciona, pero solo hasta que la sala de espera se llena. Una persona relata cómo esperó desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde sin ser llamado; otro, que pasó por el Gregorio Marañón, estuvo ocho horas en un pasillo. La ironía del sistema es que, según los propios profesionales, el 70% de los casos que acuden a urgencias no son urgentes. Esto convierte las salas en un quirófano de lo trivial, donde los infartos compiten con un catarro.
El copago de 10 euros como solución
Ante el atasco, surge la propuesta del copago. La idea es simple: cobrar 10 euros por entrar en urgencias para desincentivar las visitas innecesarias. El argumento tiene cierta lógica: se calcula que un 90% de la asistencia podría resolverse sin urgencias. Pero el planteamiento choca con la realidad: mientras los ciudadanos con recursos podrían pagar, los colectivos vulnerables, los que más necesitan el sistema, seguirían exentos. La medida, que algunos ven como un filtro racional, para otros es la privatización encubierta de la salud pública.
La paradoja final es que la saturación no es homogénea. Un ejemplo: en Zaragoza, un servicio de urgencias estaba vacío durante un partido de la selección española; a la salida del encuentro, decenas de coches llegaron a la vez. La demanda sanitaria es elástica, sí, pero también se adapta a los eventos. Mientras tanto, las listas de espera siguen creciendo y la solución no parece llegar. Si la tendencia continúa, la sanidad pública terminará por expulsar a la clase media hacia la privada. Y esa sería la verdadera crisis.